miércoles 1 de julio de 2009

DESPEDIDAS

País: Japón. Dirección: Yojiro Takita. Intérpretes: Masahiro Motoki, Ryoko Hirosue, Tsutomu Yamazaki, Kimiko Yo, Kazuko Yoshiyuki, Takashi Sasano. Guión: Kundo Koyama. Música: Joe Hisaishi. Fotografía: Takeshi Hamada. Distribuye en Cine: Golem. Duración: 130 min. Público apropiado: No recomendada para menores de 13 años. Género: Drama. Estreno: 03-07-2009. Contenidos: S. Título original: Okuribito.

Hasta que volvamos a vernos

Un joven músico, Daigo, se queda en paro al disolverse la orquesta en la que trabaja como violonchelista. Abrumado por la situación deja Tokio y se traslada con su esposa para vivir en un bar que perteneció a su madre, recientemente fallecida. Al fantasma del desempleo, se une el abandono que Daigo sufrió por parte de su padre cuando no era más que un niño.

Un día, buscando empleo, descubre una oferta de trabajo en lo que le parece ser una agencia de viajes, pero cuando acude a la entrevista descubre que no se trata de lo que pensaba sino de una extraña agencia que se dedica a la ceremonia de amortajar a los difuntos en presencia de los familiares. Daigo no es capaz de negarse ante la insistencia del dueño de la funeraria, y como anda necesitado de dinero, acepta cuando el jefe le hace un pago inmediato en efectivo. Pero mantendrá el secreto a su mujer por la negativa valoración social que tiene una profesión vinculada con los muertos. Cuando ella lo descubra se producirá una crisis en su relación.

Despedidas ganó el Oscar en 2009 a la mejor película en habla no inglesa, un premio merecido pues no resulta fácil abordar el tema de la muerte sin caer en tópicos o en tonos macabros, pero el buen hacer fílmico de Takita consigue sortear con nota esos escollos. De hecho nos muestra una poética, emotiva y esperanzada narración en la que la muerte no tiene la última palabra y los conflictos familiares encuentran solución gracias a la comprensión y el perdón.

El ritmo del filme es pausado, oriental, muy ceremonioso, como ese rito en el que con extremo respeto se amortaja al cadáver. Sin embargo, no se escatiman algunos momentos simpáticos que incluso logran sacar alguna sonrisa del espectador.

jueves 4 de junio de 2009

STILL WALKING

País: Japón. Dirección y guión: Hirokazu Koreeda. Intérpretes: Hiroshi Abe, Yui Natsukawa, You, Kazuya Takahashi, Shohei Tanaka, Kirin Kiki, Yoshio Harada. Música: Gonchichi. Fotografía: Yutaka Yamasaki. Distribuye en Cine: Golem. Duración: 114 min. Público apropiado: No recomendada para menores de 7 años. Género: Drama. Estreno: 05-06-2009.

Un hogar japonés

Una familia se reúne para recordar el aniversario del fallecimiento, hace quince años, del hijo mayor. En la celebración se dan cita tres generaciones: los abuelos, en cuya casa se lleva a cabo la fiesta, la hija, parlanchina y espontánea, y que aspira a mudarse con su marido cachazudo y sus dos alocados hijos a vivir allí, y el hijo menor, que se acaba de casar con una joven viuda que tiene un hijo de su anterior matrimonio. El abuelo es un médico jubilado, orgulloso y arisco, que añora a su hijo muerto y maltrata a su segundo hijo por considerarlo un inútil (se dedica a la restauración de cuadros), pues nunca eligió lo que su padre tanto deseaba: ser otro médico. La abuela es un ama de casa dicharachera pero que no ve con buenos ojos a la viuda y a su niño.

Still walking trascurre en apenas 24 horas y en la vivienda familiar, pero Koreeda filma con maestría ese reducido espacio y nos muestra con detalle, pero a la vez con frescura y simpatía, las costumbres cotidianas del Japón (desde la visita a una tumba o la preparación de una comida hasta el sencillo hecho de tomarse un baño). Y a pesar del tono agridulce del conflicto familiar que se nos cuenta en esta sencilla película, el director nipón nos brinda una visión esperanzada y positiva de la familia.

Still walking recuerda a los filmes del clásico Ozu pero actualizados al Japón del siglo XXI, por tanto, una pequeña joya del séptimo arte.

jueves 28 de mayo de 2009

TERMINATOR SALVATION


País: Alemania, EE.UU., Reino Unido. Dirección: McG. Intérpretes: Christian Bale, Anton Yelchin, Sam Worthington, Bryce Dallas Howard, Moon Bloodgood, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside. Argumento: James Cameron (Personajes), John D. Brancato (Historia), Michael Ferris (Historia), Gale Anne Hurd (Personajes), David C. Wilson (Historia). Guión: John D. Brancato, Michael Ferris. Música: Danny Elfman. Fotografía: Shane Hurlbut. Distribuye en Cine: Sony. Duración: 118 min. Público apropiado: Mayores de 13 años. Género: Acción, Ciencia ficción. Estreno: 05-06-2009. Contenidos: V.

Salvar el futuro

Año 2003. Un condenado a muerte cede su cuerpo a la ciencia. Año 2018, después del día del juicio final, Skynet se ha hecho con el control de la Tierra, pero los humanos no se resignan a vivir dominados por la máquinas y entablan una feroz resistencia para lograr su libertad. Para ello cuentan con un líder, John Connor, que ahora está casado y espera su primer hijo, a la vez que repasa a diario las notas grabadas que le dejó su madre Sarah, con el fin de hallar una guía segura que le permita vencer en la batalla final.

Pero el futuro no es exactamente tal y como su madre había previsto, lo que hace difícil decidir qué estrategia seguir. La trama da un giro imprevisto cuando aparece prisionero en la sede de Skynet el individuo que fue ejecutado y entregó su cadáver a los científicos quince años antes.

Terminator Salvation supone la cuarta entrega de la saga y nos ofrece un recital espectacular de acción, explosiones, luchas entre humanos y terminators, algún que otro giño al actor más famoso de la saga (que no actúa en ésta pues sus obligaciones políticas se lo impiden), y un futuro desolador, como viene siendo habitual en el cine futurista desde los tiempos de Blade Runner.

Se echa en falta, sin embargo, un guión más trabajado, sobre todo en la definición de personajes y algo más de hondura dramática. No defraudará a los fans, pero me parece que todavía no se ha logrado superar la excelente Terminator 2.

lunes 11 de mayo de 2009

ÁNGELES Y DEMONIOS

País: EE.UU. Dirección: Ron Howard. Intérpretes: Tom Hanks, Ayelet Zurer, Ewan McGregor, Stellan Skarsgård, Armin Mueller-Stahl, Nikolaj Lie Kaas. Guión: David Koepp, Akiva Goldsman. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Salvatore Totino. Distribuye en Cine: Sony. Duración: 138 min. Público apropiado: Mayores de 16 años. Género: Thriller. Estreno: 15-05-2009. Contenidos: V.
Conspiración de silencio
Varios días después de la muerte del Papa se reúne el cónclave de cardenales para la elección del futuro Sumo Pontífice. Pero el secuestro de cuatro purpurados considerados favoritos en la votación crea una crisis en el Vaticano, sobre todo al saberse que los autores del suceso se atribuyen el nombre de una antigua sociedad secreta, Los Illuminati, hostil a la Iglesia y que ha colocado una bomba de antimateria en las grutas vaticanas. Para evitar una tragedia, los agentes de la guardia suiza solicitan la ayuda de un profesor agnóstico, Robert Langdon, y de una joven científica italiana.

Ángeles y demonios se presenta como una secuela de El Código da Vinci pero en realidad es una precuela, pues fue escrita hace diez años por Dan Brown y sólo tras el éxito del Código se ha reeditado y llevado al cine. Por tanto, con Ángeles y demonios volvemos a tener más de lo mismo: tramas inverosímiles, errores históricos apabullantes, descripciones grotescas sobre la Iglesia, etc. Y aunque Ron Howard ha intentado eliminar algunas de las más sonoras patochadas de Brown no se ha librado del todo de la arrogante ignorancia (¿o es malicia?) del novelista.

Religión y ciencia

En Ángeles y demonios aflora una visión muy pobre del supuesto conflicto entre fe religiosa y ciencia: aquella que ve a la Iglesia como una institución intolerante y enemiga del progreso científico. Un tema que daría para mucho, pero para no aburrir al lector me limito a mencionar dos hechos históricos que el tándem Howard-Brown tal vez desconozca (¿o conspira para ocultarlos…?): a) Los más prestigiosos historiadores de la ciencia reconocen que ésta surge en el Renacimiento gracias a la idea de que el cosmos es racionalmente comprensible y es un único sistema de fuerzas, conceptos que se derivan de la creencia judeocristiana en un único ser racional como creador del universo: Dios; y b) cuando se apela al Big Bang como alternativa a Dios me dan ganas de reír a mandíbula batiente: ¿quién fue uno de los primeros en formular esa hipótesis? George Lemaître, un sacerdote y astrónomo belga. ¿Lo sabían? Esto sí que es conspiración de silencio.

La conjura de los necios

Y la verdad es que películas como Ángeles y demonios parecen ser un claro reflejo de nuestra sociedad posmoderna, caracterizada por la ausencia de reflexión (algo a lo que contribuye enormemente el ritmo endiablado del filme) y por una supina ignorancia no solo en temas de religión sino también de historia, arte, ciencia o filosofía. Y a ese público carente de gusto cinematográfico, y representante de aquel grupo de infinitos necios de los que hablaba el sabio semita, va dirigida Ángeles y demonios. Un público que, parafraseando a Chesterton, ya no cree en Dios pero sí cree en cualquier sandez.

Con Ángeles y demonios Ron Howard confirma su incapacidad para llegar a ser un autor cinematográfico, y parece decirnos que se conforma con ser un simple artesano que sólo acierta cuando filma historias reales y profundas como El desafío, Apolo XIII o Una mente maravillosa, y no bodrios increíbles de religión ficción.

miércoles 29 de abril de 2009

X-MEN ORÍGENES: LOBEZNO



Título original: X-Men Origins: Wolverine. País: Australia, EE.UU., Nueva Zelanda. Dirección: Gavin Hood. Intérpretes: Hugh Jackman, Ryan Reynolds, Liev Schreiber, Dominic Monaghan, Lynn Collins, Danny Huston, Daniel Henney, Taylor Kitsch, Kevin Durand, Tahyna Tozzi, Stephen Leeder. Guión: David Benioff, Skip Woods. Música: Harry Gregson-Williams. Fotografía: Donald McAlpine. Distribuye en Cine: Fox. Duración: 107min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Acción, Cómic, Fantástico. Estreno: 30-04-2009. Contenidos: V.

El lobo enamorado de la luna

Esta precuela de la serie X-Men narra el origen de Logan y cómo llega a convertirse en Lobezno. Para ello, el filme nos ofrece una trepidante aventura desde finales del siglo XIX, pasando por las dos guerras mundiales, Vietnam, etc., hasta llegar a nuestros días en los que Logan se ha retirado a vivir en como leñador en una tranquila aldea con su amada, una maestra de pueblo. Para ese paraíso será roto por una desagradable e inesperada visita.


X-Men Orígenes: Lobezno dirigida por el ganador de un Oscar Gavin Hood (Tsotsi), tal vez no defraude a los incondicionales del género, pues ofrece acción a raudales y una explicación plausible del origen de la saga. Pero se echa en falta un mejor trabajo de guión y más definición en los personajes.

martes 21 de abril de 2009

THE INTERNATIONAL (Dinero en la sombra)


País: Alemania, EE.UU., Reino Unido. Dirección: Tom Tykwer. Intérpretes: Clive Owen, Naomi Watts, Armin Mueller-Stahl, Ulrich Thomsen. Guión: Eric Singer. Música: Reinhold Heil, Johnny Klimek, Tom Tykwer. Fotografía: Frank Griebe. Distribuye en Cine: Sony. Duración: 118 min. Público apropiado: Mayores de 13 años. Género: Thriller. Estreno: 24-04-2009. Contenidos: V.

Bancos y tráfico de armas

Salinger, agente de la Interpol y Whitman, una ayudante del fiscal del distrito en Nueva York, siguen la pista de un poderoso banco de Luxemburgo que sirve de tapadera para el negocio de armas en el tercer mundo. Pero uno a uno, todos sus confidentes, son asesinados por criminales profesionales que no dejan huella alguna y con la complicidad de agentes corruptos y del sistema financiero internacional. Pero el agente Salinger no se detendrá ante nada, incluso violará la ley, para dar con el responsable principal de ese complot.

The International es un thriller de fondo financiero (¡y eso que estamos en tiempos de crisis!, ¿cómo se lo tomarán los bancos?) rodado con agilidad por el alemán que hace años nos sorprendió con Corre, Lola, corre. No faltan escenas espectaculares, como el tiroteo en el museo Guggenheim de Nueva York, y un reparto internacional, vaya redundancia, que cumple con solvencia. Tal vez se eche en falta una mayor definición en el guión de algunos personajes, sobre todo los correctamente interpretados por Naomi Watts y el actor danés Ulrich Thomsen (Celebración, Hermanos).

25 KILATES

País: España. Dirección y guión: Patxi Amézcua. Intérpretes: Aida Folch, Francesc Garrido, Manuel Morón, Joan Massotkleiner, Héctor Colomé. Música: Francis Amat. Fotografía: Sergi Gallardo. Distribuye en Cine: Golem. Género: Thriller. Duración: 86 min. Público apropiado: mayores de 16 años. Estreno: 24-04-2009. Contenidos: VX.

Cine negro español

Abel es un boxeador con un futuro prometedor al que un suceso trágico obliga a buscarse la vida como cobrador del frac. Kay es una joven a la que su padre ha educado desde niña para ser cómplice de sus trapicheos. Garro es un policía corrupto de la brigada antirrobos que obtiene beneficios del material incautado en las detenciones. En definitiva, unas personas bastante desorientadas cuyos encuentros por la ciudad de Barcelona provocarán giros inesperados.

25 kilates está narrada con gran agilidad -puro cine de género al estilo de las películas policiacas de los años 40 y 50, pero puesto al día-. Por eso, aquí no encontraremos detectives solitarios o mujeres fatales, sino que todos los personajes tienen unos vínculos familiares a los que no pueden renunciar. Esa humanización de los personajes viene acompañada por el uso de la elipsis, que otorga ritmo a la cinta y evita caer en las tópicas escenas de sexo (salvo en la breve secuencia inicial) que no aportan nada, como reconoció el director del filme en una rueda de prensa.

25 kilates es la opera prima del navarro Patxi Amézcua que después de haber recibido varios premios en diversos certámenes, participa en el festival de cine de Málaga. Y la verdad es que ha sido una grata sorpresa encontrar una realización atípica en el panorama del cine español actual, que huye de los tópicos al uso y que a pesar de su crudeza deja una puerta abierta a los conflictos que plantea.

jueves 16 de abril de 2009

TESTIMONIO

















Director: Pawel Pitera. Guión: G. Franco Svidercoschi y P. Pitera basado en el libro “Una vida con Karol” del cardenal Dziwisz. Narrador: Michael York. Música: Vangelis. País: Polonia. Género: Documental. Duración: 97 min. Público adecuado: Todos. Venta en DVD: 08-04-2009. Distribuye: Tripictures.
Un hombre para la eternidad

Aparece en DVD el documental estrenado el pasado octubre en el Vaticano y que recrea momentos públicos, junto a otros privados y entrañables, del papa Juan Pablo II. Testimonio está basado en las memorias del que fue su secretario personal durante casi cuarenta años: Estanislao Dziwisz. La película ofrece algunos detalles inéditos como las salidas de incógnito que el papa hacía, sin escolta, fuera de los muros del Vaticano o el exorcismo realizado a una mujer.

El documental intercala entrevistas al secretario del papa polaco con imágenes inéditas de Karol Wojtyla o recreaciones tanto de su infancia como de hechos de su pontificado, acompañados por la narración del actor Michael York.

Testimonio es una cinta de ritmo ágil, y con la excelente banda sonora de Vangelis, que gustará tanto a los que ya conocen bien la vida de Juan Pablo II como a los que sólo tienen una vaga idea acerca del hombre que llevó la luz del evangelio a un mundo en tinieblas.

jueves 26 de marzo de 2009

GRAN TORINO


País: EE.UU. Dirección: Clint Eastwood. Intérpretes: Clint Eastwood, Geraldine Hughes, John Carroll Lynch, Cory Hardrict, Dreama Walker, Brian Haley, Bee Vang, Ahney Her. Argumento: Dave Johannson, Nick Schenk. Guión: Nick Schenk. Música: Kyle Eastwood, Michael Stevens. Fotografía: Tom Stern. Distribuye en Cine: Warner. Duración: 116 min. Público apropiado: No recomendada para menores de 13 años. Género: Acción, Drama. Estreno: 06-03-2009. Contenidos: VD.

El mejor Eastwood

Sucede en algunos directores que al llegar a su vejez decae su talento creativo, o pierden el control de sus producciones que acaban en manos de otros individuos menos geniales, con lo que el resultado final acaba siendo deplorable. No es el caso de Clint Eastwood que, como el buen vino, mejora con el tiempo.

Gran Torino relata las peripecias de un jubilado, Walt Kowalski (un apellido muy cinematográfico, por cierto, recuerden a Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo y al replicante Leon en Blade Runner). Wally, el apelativo cariñoso que le asigna una vecina, combatió en Corea y trabajó en la fábrica Ford. Ahora acaba de enviudar y gasta sus horas gruñendo ante la invasión de inmigrantes que padece su barrio y las pésimas relaciones que mantiene con sus hijos. Una rutina que será alterada por una peculiar relación con dos de sus vecinos, Sue y su hermano Thao, de la etnia hmong. Y otra no menos llamativa que mantiene con el padre Janovich, un joven sacerdote que prometió a la mujer de Walt, en su lecho de muerte, que haría todo lo posible para que su marido acabara confesándose.

Puede que Gran Torino no sea, desde el punto de vista formal o estético, el mayor logro de este cineasta de casi ochenta años, pero sí me parece que lo es desde el punto de vista antropológico, ético y religioso. Clint Eastwood ha dado un vuelco radical después de ofrecernos a lo largo de su extensa filmografía una serie de personajes a la deriva, auténticos antihéroes que ante un conflicto dramático –que exige de ellos una respuesta ponderada– se bloquean, acaban sacando a flote su lado más débil y terminan por hundirse en el abismo que ellos han escogido.

De antihéroe a héroe mesiánico

Por el contrario, Gran Torino al tiempo que nos brinda con el personaje de Walt uno de los cascarrabias más entrañables de los últimos tiempos –hay situaciones y diálogos divertidísimos– ofrece un giro admirable en la trayectoria del realizador americano al mostrar a un personaje que, ante el dilema de su vida, acaba convirtiéndose en un héroe que da sentido a su existencia y a la de los otros.
Hemos pasado del fatalismo de Million Dollar Baby a la plenitud antropológica y religiosa de un personaje que adquiere tintes mesiánicos. Eastwood no ha esquivado inspirarse en el héroe redentor por antonomasia: Cristo. Lo cual se refleja también en la entrañable figura del joven sacerdote, algo impensable en nuestra filmografía, salvo gloriosas excepciones como Gracia Querejeta (Héctor) o Ángeles González Sinde (Una palabra tuya), ¡que tomen nota Amenábar, Cuerda y Fesser!

Gran Torino es una gran lección para todos los nihilistas de turno que viven de esa rancia pose; ya va siendo hora de que nos ofrezcan un cine más esperanzador. ¡Enhorabuena por esa trasformación, señor Eastwood! ¡Felicidades por este grandioso testamento fílmico!

domingo 15 de marzo de 2009

LOS ABRAZOS ROTOS




País: España. Dirección y guión: Pedro Almodóvar. Intérpretes: Penélope Cruz, Lluís Homar, Blanca Portillo, Ángela Molina, Rossy de Palma, Lola Dueñas, Chus Lampreave, Carmen Machi, Kiti Manver. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: Rodrigo Prieto. Distribuye en Cine: Warner. Duración: 125 min. Público apropiado: Adultos Género: Drama. Estreno: 18-03-2009. Contenidos: XD.

Más cine, por favor
Madrid, 2008. Harry Caine es el alias de un director de cine (Mateo Blanco) que perdió la vista, y a la mujer que amaba, en un trágico accidente catorce años antes. Ahora sobrevive escribiendo guiones con la ayuda de Diego, el hijo de Judit su antigua productora, a la vez que intenta evadirse de su angustia con las fugaces aventuras eróticas que mantiene con desconocidas. Caine pretende haber sepultado su pasado (por eso emplea este seudónimo) pero un día sus peores pesadillas reaparecen en la persona de un siniestro aspirante a director: Ray X. Tal encuentro le forzará a rendir cuentas con su vida y su obra fílmica.

Pedro Almodóvar rinde homenaje en Los abrazos rotos a su gran amor: el cine; y a sus géneros favoritos: la comedia, el melodrama y el cine negro. Por todo ello, el realizador manchego se permite la autocita (Mujeres al borde de un ataque de nervios) y crea un alter ego en la figura del director Mateo Blanco, interpretado por Lluis Homar y vestido con el atuendo que el propio Almodóvar usaba en los noventa. También maquilla y viste a Penélope Cruz como Audrey Hepburn, y en alguna escena la actriz madrileña adopta un gesto que recuerda remotamente al de Sean Young en Blade Runner.

Junto a todo esto, tampoco se resiste el manchego a hacer guiños a diversos realizadores como Rossellini (Te querré siempre), Louis Malle (Ascensor para el cadalso) o Woody Allen (Un final made in Hollywood). Tres filmes que aluden a los temas centrales de Los abrazos rotos: el amor, incluso obsesivo (¿o la ley del deseo?), la muerte y la creación artística.

Con esta producción, que no llega a la altura de otras películas suyas (como Volver o Todo sobre mi madre), Almodóvar dirige la mirada hacia sí mismo (señaló en la rueda de prensa de presentación del filme que en la medida en que se va haciendo mayor le gusta más una vida de interiores, sin tanto ajetreo exterior) y vuelca sus temas y obsesiones centrales en una trama que, salvo en los primeros minutos, carece de fuerza y trascendencia. Tal vez el motivo sea haber dejado de lado la dimensión misteriosa que envuelve al amor, la muerte y la creación. Cuando presentó su anterior filme, Volver, aseguró que se había enfrentado al enigma de la muerte, pero a costa de negar todo misterio al respecto; algo que resulta palpable tras su visionado.

Eros y thanatos

Por tanto, al esquivar toda incógnita sobre el más allá (Almodóvar también confesó, en la rueda de prensa citada, el siguiente contrasentido: rezo aunque no soy creyente ¿?) la vida queda sometida ¡cómo no! a la “ley del deseo”. Un deseo, por otra parte, muy cercano a la muerte. “Por razones que desconozco, afirmó Buñuel, he encontrado siempre en el acto sexual una cierta similitud con la muerte, una relación secreta pero constante”. Y no es casualidad que en Los abrazos rotos se aprecie esta conexión entre eros y thanatos, incluso de manera explícita en alguna escena.

La explicación de este fenómeno hay que buscarla en la negación de la autotrascendencia de la existencia humana. Dicho de forma positiva: el ser humano, advierte Frankl, se autorrealiza en la medida en que se trasciende al servicio de una causa o en el amor a otra persona. Es decir, el hombre sólo se humaniza plenamente cuando se pasa por alto y se olvida de sí mismo.

Sin embargo, las escenas eróticas de Los abrazos rotos carecen de estas cualidades, más bien parecen ser meros desahogos físicos, que en el mejor de los casos dejan una cierta vinculación sentimental más o menos obsesiva (el amor fou) pero con el regusto amargo del vacío y de la muerte al acecho. Los personajes de Almodóvar, como los del mundo real, participan en una carrera imparable de obstáculos impulsados por sus deseos. No cesan de anhelar nuevos objetos y nuevas personas que una vez obtenidos les dejan de nuevo insatisfechos. Aquí radica el misterio de la felicidad. Un enigma que no se puede anular a no ser que se quiera reducir al hombre a una pasión inútil.

Pues si resulta que poseemos una capacidad infinita de querer y advertimos que tras esa voluntad inextinguible late una verdadera apertura a la trascendencia, el absurdo se transforma en misterio: un Bien infinito nos atrae. Todo esto sería imposible dentro del ámbito de la finitud. Ese bien ilimitado no se sustituye con una infinitud de bienes caducos y pasajeros. Almodóvar no llega a vislumbrar que en el encuentro en el que consiste el amor personal también se entrevé una vía al absoluto. El amor personal no se reduce a un mero intercambio de fluidos o placeres, sino que es un acontecimiento de participación en un Bien mayor.

Amor y eternidad

El amor y la entrega totales forjan a la persona, de ahí que todo amor verdadero anhele la eternidad, y no conciba su final como algo lógico. Marcel lo expresó diciendo que amar a una persona es manifestarle que no morirá jamás. Y Ortega y Gasset explicaba que querer a alguien supone no poder concebir un universo donde esa persona no esté presente (una idea que refleja el desenlace de Inteligencia artificial, de Spielberg). Por eso el amor pide de suyo eternidad. La supervivencia del amor más allá de la muerte es un tema recurrente también en el cine, como se puede observar en Always, Más allá de los sueños o El sexto sentido, por citar unos pocos ejemplos. Incluso el filme de Rossellini citado por Almodóvar (Te querré siempre) pierde su fuerza en el contexto agnóstico de Los abrazos rotos.

Si se niega la trascendencia toda narración vital, y en concreto el argumento amoroso, queda reducida a una farsa, a una pasión inútil. Todo se resumiría en una representación que esconde la nada y el absurdo tras sus artificios. Cualquier realización valiosa de la persona estaría sometida a la fugacidad de las apariencias y destinada a ser aniquilada. Si la persona se reduce a un puñado de átomos reunidos al azar, en el fondo no existe nadie, nunca existió ningún sujeto. La muerte revelaría un vacío que siempre estuvo ahí.

Fotos y abrazos rotos

Declara Almodóvar la consabida idea de que la vida es dura, terrible y caótica pero que el arte confiere a lo real una finalidad, un orden, un sentido del que carece por sí mismo. Un concepto que se expresa en Los abrazos rotos con la metáfora de la foto descompuesta en mil pedazos y que uno de los personajes intenta recomponer (un símil ya visto, por ejemplo, en Amelie).

De todos modos este tópico no resiste un análisis riguroso porque el arte forma parte de la vida y si podemos dar orden a nuestras historias (o recomponer una fotografía) tal vez sea porque esa misma vida ya tiene una cierta configuración y sentido, aunque no sea fácil descubrirlo, sobre todo en los momentos más trágicos de nuestra existencia, como refleja el filme de Richard Attenborough Tierras de penumbra.

Habría que sugerir, más bien, que este sentido no es creado por el hombre, más bien es algo o alguien que encuentra en su vida. Por eso el amor, el trabajo creativo, la religión e incluso el sacrificio constituyen aspectos de la realidad que otorgan significado y sentido a la vida humana.

Incluso la creación artística, otro de los asuntos sobre los que reflexiona Almodóvar en Los abrazos rotos, al ser una expresión de nuestros anhelos, no se puede entender sin la referencia al misterio de la trascendencia. En ella comparece lo simbólico, y el símbolo, decía Ricoeur, da que pensar. El símbolo, por tanto, es el medio en el cual se puede exponer, de un modo sensible, la dimensión sagrada y religiosa del ser humano. Mediante lo simbólico puede llevarse a cabo una creación artística que manifieste lo sagrado. Por eso Eugenio Trías afirma que el arte,

“sin ese referente (sin la compleja presencia/ausencia de lo sagrado), no puede desplegar su vocación y su designio: el de bañar con una aureola de resplandor aquello en lo cual interviene: un espacio urbano o monumental, o un argumento musical o narrativo, o una instantánea poética, o un poema visual capaz de plasmarse en una imagen pictórica. (...) El gran arte moderno resiste siempre en relación al flujo y reflujo de esa marea (nihilismo). Se aviene mal con el grito de guerra del profeta nietzscheano (“Dios ha muerto”). El referente sagrado existe, insiste y resiste (...). El arte es, de hecho, una protesta de sentido en relación a la muerte. Postula una vida nueva resucitada, recreada” (Pensar la religión, Destino, Barcelona 1997, pp.118, 120).

¡Ojalá Almodóvar nos brinde algo así en sus futuras producciones!

jueves 12 de marzo de 2009

R.A.F. FACCIÓN DEL EJÉRCITO ROJO (Der Baader Meinhof Komplex)


País: Alemania, Francia, República Checa. Dirección: Uli Edel. Intérpretes: Martina Gedeck, Moritz Bleibtreu, Johanna Wokalek, Nadja Uhl, Jan Josef Liefers, Stipe Erceg. Argumento: Stefan Aust (Libro). Guión: Bernd Eichinger, Uli Edel. Música: Peter Hinderthür, Florian Tessloff. Fotografía: Rainer Klausmann. Distribuye en Cine: Aurum. Duración: 150 min. Género: Drama Histórico. Estreno: 13-03-2009. Público apropiado: Adultos. Contenidos: VXS.

El vértigo del terrorismo

República Federal Alemana 1967. Una periodista de prestigio, Ulrike Meinhof, casada y con dos hijas gemelas, y Andreas Baader, un vulgar y violento delincuente, fundan una organización para protestar contra la opresión de los gobiernos capitalistas, la guerra de Vietnam y los sufrimientos del pueblo palestino. Y como suele suceder en estos casos, lo que en un principio se limitaba a boicots y reivindicaciones más o menos virulentas, acaba convirtiéndose en terrorismo puro y duro (bombas, asesinatos, secuestros, etc.).

R.A.F. Facción del Ejército Rojo aunque estuvo nominada a los Oscar, y ha sido producida por miembros del equipo de El Hundimiento, no llega a la altura de este interesante filme histórico sobre Hitler. Pesa en su contra su excesivo metraje, la caída de ritmo en la segunda mitad del filme, después de un arranque trepidante y ágil, y la machacona insistencia en mostrar sin tapujos el estilo de vida amoral y exhibicionista de los miembros de la banda, que si bien manifiesta su degradación moral, en algunos momentos puede hacerse molesto.

En cuanto a los aspectos positivos, aparte de lo ya sugerido sobre la impactante realización de las secuencias de acción, R.A.F. Facción del Ejército Rojo ofrece una visión nada idealizada de estos comandos terroristas herederos de mayo del 68, y aporta una interpretación convincente, que echa abajo algunos mitos y rumores, sobre el final de la banda.

A CIEGAS (BLINDNESS)





País: Brasil, Canadá, Japón. Director: Fernando Meirelles. Argumento: José Saramago (Novela "Ensaio Sobre a Cegueira"). Guión: Don McKellar. Intérpretes: Julianne Moore, Mark Ruffalo, Alice Braga, Yusuke Iseya, Danny Glover. Fotografía: César Charlone. Distribuye en Cine: Notro Films. Duración: 120 min. Género: Drama. Estreno: 13-03-2009. Público apropiado: Adultos. Contenidos: XDS.

Si un ciego guía a otro ciego…

Un día cualquiera en una ciudad cualquiera la epidemia brota de un modo imprevisto. La gente se queda ciega de repente, sin previo aviso, con una ceguera blanca, lechosa. Las autoridades alarmadas encierran a los contagiados en un desvencijado hospital. Pero pronto la epidemia causará estragos en toda la población y el caos, el pillaje y las pasiones más rastreras harán presencia en esa ciudad desolada. Sólo una mujer conserva de modo secreto (únicamente su marido lo sabe) la capacidad de ver en ese antro de invidentes.

Fernando Meirelles (Ciudad de Dios, El jardinero Fiel) adapta a la pantalla la novela del premio nobel portugués José Saramago, y si esta nos brindaba un retrato abrumador, horrible e indigesto de las bajezas humanas, algo similar nos ofrece el filme del director brasileño, a pesar de sus esfuerzos por mitigar algo ese radical pesimismo en el tramo final del filme. Otro asunto es si uno puede llegar intacto a esa última etapa de A ciegas, después de dos horas angustiosas, insoportables y reiterativas, en las que parece reflejarse aquella frase de Hobbes que asumen los nihilistas y pesimistas como Saramago: el hombre es un lobo para el hombre.

Y es que una sociedad y una ética que no se fundamenta en valores consistentes, y carece de una referencia a un fundamento metafísico (más o menos consciente) en el ser Absoluto (Dios) deriva en la afirmación de una voluntad arbitraria, con todos los problemas que esa tesis conlleva (no olvidemos que Saramago se proclama ateo). Si todos tenemos una libertad sin límites, buscaremos a toda costa ser los protagonistas exclusivos de nuestra vida, sin admitir el papel de los demás o las exigencias de los otros. El mundo de los demás será, como refleja el filme A ciegas, parafraseando a Sartre y Hobbes, un infierno plagado de lobos.


jueves 12 de febrero de 2009

LOS DELIRIOS DE JAVIER FESSER


Me permito escribir sobre tu premiada película (¡enhorabuena por los seis premios Goya!), Camino, porque sí la he visto, y a pesar de tus afirmaciones: “siempre he tratado de dialogar con aquél que ha intentado entender la película”, he descubierto que no facilitas el diálogo con aquel que no piensa como tú.

De todos modos, comprendo perfectamente tus declaraciones a la prensa, pues son el lógico corolario de tu relativismo: no existe la verdad, por tanto todo es verdad o mentira según sirva a mis intereses personales. Eso sí, como todo relativista tienes una doble estrategia: de cara a la galería exhibes un talante abierto, pero de puertas para adentro te crees en posesión de la única interpretación válida de fenómenos que apenas conoces: la vida de Alexia, a la que nunca conociste –leí una de sus biografías después de ver Camino y aluciné con tu capacidad de manipulación: ¡enhorabuena, eres un genio!–; y por supuesto, conoces el Opus Dei mejor que nadie, aunque nunca hayas visitado un centro de la Obra, pues ni siquiera estas al tanto –como se puede apreciar en tu película– de algo tan básico como su estilo de mobiliario o cómo se desarrolla una comida en un centro del Opus Dei.

Eso sí, prosiguiendo con tu táctica sibilina no temes contradecirte, por eso, a la vez que aseguras que te “irrita el hecho de que una institución básicamente dañina se llame la obra de Dios”, también afirmas, tras recibir el Goya, que “estoy aquí por mis padres que me han criado con amor, cariño y buen humor”; y eso por qué, ¿es que son ateos? ¿O más bien todo lo contrario, son creyentes o tienen alguna relación con el Opus Dei? No oculte la verdad, señor Fesser.

“Después de conocer un poco lo que es el Opus Dei, encuentro muy poca relación entre Dios y lo que ellos llaman la obra de Dios”. ¿Sabes algo de Dios, aparte de decir que no existe? Viendo tus películas, da la impresión de que aparte de la broma fácil e irreverente, poco más puedes decir de Dios. Entonces, ¿por qué juzgas la concepción que otros tienen de Él? ¡Déjalos en paz, hombre!
El Opus Dei no ha “monopolizado una idea que no les pertenece”, pues para cualquier creyente todo es Obra de Dios, aunque no para ti que piensas que la única salida para el sufrimiento de una joven es la evasión onírica.

Afirmas que “su idea de Dios está basada en la coacción” y te quedas tan ancho. Si por lo menos tuvieras el rigor de John Allen o de Messori, que sí les interesaba la verdad sobre el Opus Dei –no a ti– y por eso preguntaron a mucha gente y vivieron en centros de la Obra durante su investigación, tu testimonio sería creíble. Pero te has limitado a cuatro testimonios de gente más o menos resentida: a eso se reduce tu radiografía del Opus Dei.

El colmo de tus delirios de grandeza llega con esta frase: “Gracias a la película, dos numerarias se han liberado de algo que no las hacía felices”. No sé si reír o llorar ¿De verdad te crees lo que dices? Hemos tenido que esperar al mesías Fesser para poder irnos del Opus Dei con libertad. ¡¡Eres el as de la comedia, has conseguido que me ría a mandíbula batiente!!

Si llegas a leer esta carta, tal vez pienses de nuevo que te atacan con violencia o te lanzan dardos envenenados. Lo cual me recuerda la actitud del coronel nazi que interpreta Christopher Plummer en la película Púrpura y negro, en la escena en la que está torturando a un sacerdote italiano, mientras le pide: “padre, ayúdeme a terminar con la violencia”. Tú has violentado en primer lugar la verdad y la realidad sobre Alexia y el Opus Dei, ¿y te extraña que los ofendidos denuncien tus mentiras? ¿A eso lo llamas violencia? ¡Menuda jeta!

miércoles 28 de enero de 2009

VALKIRIA













Título original: Valkyrie. País: Alemania, EE.UU. Dirección: Bryan Singer. Intérpretes: Tom Cruise, Kenneth Branagh, Bill Nighy, Tom Wilkinson, Carice van Houten, Thomas Kretschmann, Terence Stamp. Guión: Christopher McQuarrie, Nathan Alexander. Música: John Ottman. Fotografía: Newton Thomas Sigel. Distribuye en Cine: Fox. Duración: 115 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Bélico, Histórico. Estreno: 30-01-2009

Misión: matar al tirano

El coronel alemán, de origen aristocrático, Claus von Stauffenberg resulta herido en el frente africano en 1943. Allí pierde un ojo y una mano por lo que es condecorado junto con su batallón. Al ser trasladado a Berlín se le asciende a Jefe del Estado Mayor de la Reserva, un cargo que le permitirá despachar directamente con Hitler, al que precisamente no guarda demasiado afecto. Incluso el joven coronel no se ha mordido la lengua a la hora de criticar los excesos del régimen nazi, su violencia y crueldad con civiles, prisioneros rusos y judíos.


Stauffenberg descubre que no está solo en esa oposición al dictador. Otros oficiales como el general Olbricht, el coronel Mertz von Quirnheim, el general Beck o el Mayor von Tresckow, y civiles como el Dr. Carl Friedrich Goerdeler, coinciden con él en lo tocante a la necesidad de tomar una medida drástica que pare los pies definitivamente a esa bestia negra llamada Adolf Hitler.


Todos deciden que Von Stauffenberg asuma la organización de la operación, pues su nuevo cargo le permite acceder a los documentos de la llamada Operación Valkiria: un protocolo ideado por Hitler para evitar un golpe de Estado en caso de muerte repentina del Führer. Pero los conspiradores conseguirán dar la vuelta a ese documento en su favor.

La justificación ética del tiranicidio


La decisión que van a tomar los integrantes de ese complot para eliminar a Hitler supone una seria y grave reflexión moral que en el filme solo se apunta colateralmente. Von Stauffenberg parece seguir en sus decisiones la clásica teoría, sostenida por filósofos antiguos, medievales y renacentistas, que justifica el tiranicidio. Según estos autores, entre los que se encuentra el español Domingo de Soto, en ciertas condiciones extremas y cuando se han agotado los recursos pacíficos, es legítimo derrocar al tirano que ha usurpado el poder o violado los derechos humanos gravemente y de manera continuada. Supondría, por tanto, una aplicación del principio de legítima defensa, que en algunos casos conlleva la misma muerte de injusto agresor.

Cine y nazismo: una veta inagotable


Valkiria, como sucede con las recientes películas sobre el nazismo (El niño con el pijama de rayas, El último tren a Auschwitz, El hundimiento o Sophie Scholl) vuelve a sorprendernos cuando parecía que ya no se podían contar más historias sobre la Segunda Guerra Mundial. Para ello recurre, como sus antecesoras, a un punto de vista original: en este caso la resistencia a Hitler de algunos oficiales y civiles alemanes influyentes (llegaron a ser cientos, aunque la película sólo se centre en unos pocos).


Por otra parte, el director del filme, Bryan Singer (Sospechosos habituales, X-Men) consigue mantener el suspense y la emoción hasta el final, aunque uno conozca el desenlace de los hechos históricos que se narran en Valkiria. Para ello cuenta con un reparto lleno de secundarios de lujo (tanto americanos e ingleses como alemanes) y un Tom Cruise que intenta recuperar su prestigio con la sobria, pero certera, interpretación de un héroe nacional germano, y además católico, lo que no ha dejado de provocar cierta polémica e indignación en Alemania por la militancia de Cruise en la controvertida secta de la Cienciología.

lunes 12 de enero de 2009

LA CLASE




Título original: Entre les murs. País: Francia. Dirección: Laurent Cantet. Intérpretes: François Bégaudeau, Franck Keïta, Wei Huang, Esmeralda Ouertani, Rachel Régulier, Olivier Dupeyron. Guión: Laurent Cantet, François Bégaudeau, Robin Campillo. Fotografía: Pierre Milon. Distribuye en Cine: Golem. Duración: 128 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Cine social, Drama. Estreno: 16-01-2009.


El profesor Keating visita París

François es un joven profesor de lengua de un Instituto conflictivo de París. Sus alumnos, como ya va siendo habitual en nuestras aulas, pertenecen a diversas razas y países, y a diversas tribus urbanas. Todo ello crea un ambiente conflictivo y apático en el aula debido a la convicción, por parte de algunos docentes y de no pocos muchachos, de que esos estudiantes no tienen muchas aptitudes académicas y su vida no les deparará especiales logros profesionales. Pero el profesor de lengua no es de esa opinión, por lo que intentará elevar la moral de sus alumnos y no limitarse a que asimilen unos rudimentos de lengua o literatura. Para ello decide involucrarse en los problemas personales de esos adolescentes y hacerles reaccionar. Y aunque en algunos casos François tome medidas discutibles, o incluso erróneas, su labor no dejará indiferente a nadie.

La clase es una de las recreaciones más realistas de la labor docente que se hayan visto nunca en la gran pantalla. Hasta qué punto lo que nos muestra este filme francés es ficción o realidad –teniendo en cuenta que el reparto del filme no está formado por actores profesionales sino por docentes y discípulos– tendrá que decirlo el espectador, sobre todo si es educador o la ha sido. En cualquier caso, y sin lugar a dudas, disfrutará con este filme casi documental, pero con una trama llena de conflictos muy bien narrados.

La clase trae a nuestra memoria filmes recientes como Diarios de la calle, La ola o Los chicos del coro, y otros ya clásicos como El club de los poetas muertos, pero de los que se diferencia por su puesta en escena, sobria y sencilla (todo transcurre entre los muros del instituto, no se nos muestra lo que ocurre una vez que todos abandonan las aulas, aunque lo intuimos).

lunes 3 de noviembre de 2008

BELLA






















País: EE.UU., México. Dirección: Alejandro Gómez Monteverde. Intérpretes: Eduardo Verástegui, Tammy Blanchard, Manny Perez, Ali Landry, Angélica Aragón, Jaime Tirelli, Ramón Rodriguez, Tawny Cypress, Sophie Nyweide.. Guión: Patrick Million, Leo Severino, Alejandro Gomez Monteverde. Música: John Reese. Fotografía: Andrew Cadelago. Duración: 91 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Drama, Romántico. Estreno: 07-11-2008.

¡Qué bello es vivir!

José es un prestigioso futbolista mexicano con un futuro prometedor, pero un trágico suceso cambió su vida. Ahora trabaja en Nueva York, como chef en el restaurante de su hermano Manny. El negocio es prestigioso, pero José no ve con buenos ojos el tono de excesiva exigencia que su hermano ejerce con los empleados. Su paciencia llega a un límite cuando Manny despide a una de las camareras, Nina, por llegar tarde al trabajo. Ante el estupor de todos, José abandona la cocina y sale en búsqueda de Nina, la cual le confiesa que el motivo de sus retrasos es algo que acaba de descubrir y para lo que no está preparada: un embarazo.

Bella es una película sencilla, de bajo presupuesto pero con una gran carga de humanidad, y que afronta con valentía, pero sin estridencias ni beligerancia alguna, el drama del aborto en nuestra sociedad. Todo ello con una visión optimista de la existencia, fruto de la cultura de la vida, y abierta a la trascendencia. Una actitud vital que se propone con naturalidad y sin humillar al que piensa de modo diferente.

Bella es la primera película de Metanoia Films, una productora independiente fundada por Eduardo Verástegui (actor), Alejandro Monteverde (director, que también ha colaborado en el simpático cortometraje Historia de un letrero http://en.zappinternet.com/video/nilSqaMboM/HISTORIA-DE-UN-LET) y Leo Severino (productor), con el propósito de fomentar en el cine los valores positivos y la dignidad humana como un pilar básico de la sociedad. Por otra parte, también pretenden reivindicar la auténtica cara, costumbres y tradiciones de la comunidad Latina. Por eso Bella está basada en testimonios de inmigrantes que viven en Estados Unidos.

Bella se ha exhibido en 15 festivales y ha recibido galardones como el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Toronto del 2006, el de mejor fotografía y mejor actor del MovieGuide en 2008 y el Premio Legacy del Instituto Smithsonian Latino Center, entre otros.

El aborto en el cine
En estos últimos años están proliferando largometrajes que abordan el conflicto que se le plantea a una mujer ante una situación de embarazo no deseado. De un modo más o menos explícito, estos filmes se cuestionan la temática del aborto como única salida a ese trance por el que pasa la protagonista. Y salvo algunas excepciones, todos apuestan por una salida creativa que beneficie a todos. Es el caso de películas como la citada Bella, Juno, Solas o incluso la aparentemente ambigua película rumana 4 meses, 3 semanas, 2 días, cuyas duras imágenes hacen reflexionar sobre las consecuencias, para la mujer y para el feto, de la decisión de abortar.

He citado, a propósito, películas de directores ideológicamente muy diversos (los hay tanto de izquierdas como de derechas, progresistas o conservadores, por emplear una terminología que detesto), pero que ofrecen la misma solución humana y creativa al dilema de la mujer embarazada. Con ello el séptimo arte nos enseña que la problemática del aborto no es una cuestión tan sólo de creencias o de posiciones políticas, sino de respeto a la ley natural y de soluciones constructivas.

Sí el cine hace esto, ¿por qué algunos políticos y médicos pretenden convencernos de lo contrario? Sólo se me ocurre una explicación: que el cine, y el arte en general, suele ser más sensible ante el misterio de la vida humana, y en cambio muchos dirigentes y científicos sucumben ante el poder (político, económico y científico) que les presta la tecnología disponible.

Nadie duda de que el dominio científico-técnico de lo real es necesario y conveniente. La calidad de nuestra vida ha mejorado gracias a ello. Hemos derrotado muchas enfermedades y poseemos un sinfín de artefactos que hacen más confortable nuestra vida. El peligro estriba en que confiemos sólo en las soluciones técnicas para resolver los problemas humanos. Recurrir al poder destructor de los instrumentos quirúrgicos es mucho más pobre e inhumano que ofrecer una salida positiva a la mujer que no encuentra soluciones para su problema. Todas las películas citadas ofrecen esa salida, baste citar tan solo la genial oferta de Zambrano en Solas: la sorprendente aparición de un abuelo adoptivo.

Y es que una sociedad hipertécnica como la nuestra corre el peligro de convertir a las cosas en categoría modélica para juzgar casi todo. Tal tendencia dominante pretende eliminar todo lo que no sea cosa, tanto en el pensamiento como en la conducta. Una de estas consecuencias, advertía Julián Marías, consiste en considerar al niño engendrado y concebi­do como una ‘cosa’, ‘un puñado de célu­las'. Olvidando de ese modo la comunicación incipiente que existe entre la madre embarazada y su hijo.

Igualmente, los partidarios de la cultura de la muerte, en su afán por borrar del diccionario social la noción de persona y hablar solo de individuo, también pretenden que ni siquiera veamos el cuer­po humano como algo personal, puesto que se puede ‘deci­dir’ sobre él, como si fuero un objeto de usar y tirar. Pero para los defensores de la cultura de la vida, el ser humano no tiene un cuerpo, sino que también es corpóreo, porque éste es un ámbito de manifestación de la persona y merece el mismo respeto que ella. Si debemos tratar a todo ser humano como un fin, también debemos hacerlo con su cuerpo, aunque éste se encuentre en fase de formación.

Conspiración del silencio y cultura de la muerte
Algunos dirigentes políticos, con la colaboración de ciertos medios de comunicación y ciertos colectivos minoritarios pero con mucha presencia mediática, no se conforman con eludir esa salida creativa para un embarazo imprevisto, sino que ocultan toda declaración que se mueva en contra de sus intereses de poder. Una estrategia que les deja el camino libre para difundir la cultura de la muerte.

En este sentido, el objetivismo informativo contribuye, a veces sin querer, a una conspiración de silencio. En ocasiones se sustituye la explicación de la noticia por el impacto visual, creando, al menos, una manipulación involuntaria de los hechos. En nuestros días se siente mucho y se reflexiona poco, lo que da lugar a la desorientación. Hay una especie de acceso visual instantáneo y universal a todo, pero sin espacio para el pensamiento. Resulta así una paradójica desproporción entre la razón científica y la razón ética: sabemos mucho sobre chismorreos y cotilleos de famosos, o sobre avances científicos y técnicos, pero muy poco sobre el sentido de la vida.

Parece que los medios solo dan cobertura a opiniones o posturas y no a razonamientos o argumentos. Se considera que todas las actitudes son iguales, o carecen de base y son la expresión de poderes ocultos. El objetivismo manipula la información omitiendo datos esenciales o enfatizando determinados aspectos y quitando importancia a otros. Por ejemplo, no se permite emitir en televisión un video sobre la realización de un aborto o una explicación real del mismo, para obtener el apoyo de la opinión pública con vistas a lograr –o ampliar– su aprobación legal.

La Psicología social habla de las presiones que determinados grupos de individuos ejercen sobre los demás generando el conformismo ante una supuesta opinión de la mayoría y demonizando a los que no piensan así (como la absurda polémica sobre las recientes declaraciones de la Reina de España sobre el aborto). Pero con el paso del tiempo se descubre que esa mayoría no era tal. Es de sobra conocido que, tanto en Francia como en USA, la campaña a favor de la legalización del aborto manejó cifras falsas. Lo reconocieron años más tarde el Instituto Na­cional de Estudios Demográficos y uno de los autores de la campaña, el doctor Nathanson.

jueves 30 de octubre de 2008

RED DE MENTIRAS

Título original: Body of Lies. País: EE.UU. Dirección: Ridley Scott. Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Russell Crowe, Mark Strong, Golshifteh Farahani, Carice van Houten, Oscar Isaac. Guión: William Monahan. Música: Marc Streitenfeld. Fotografía: Alexander Witt. Distribuye en Cine: Warner. Duración: 128 min. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Género: Drama, Thriller. Estreno: 07-11-2008.

Infiltrados en Oriente Medio

Ferris es un agente infiltrado de la CIA en Iraq, Jordania y donde le envíen su jefe, Ed Hoffman. A veces, se hace pasar por árabe, gracias a su barba y su dominio de la lengua de Arabia. Pero para localizar y atrapar a un dirigente islamista que ordena atentados en Europa necesita el apoyo de los servicios de inteligencia jordanos, cuyo jefe le exige como prueba de confianza poder acceder a toda la información que posea el americano. Pero su inmediato superior en la CIA no está dispuesto a desvelar todas sus cartas a los jordanos. Ferris se encuentra atrapado entre dos mundos.

Ridley Scott nos ofrece un filme que como ya sucedió con American Gangster y el mundo del narcotráfico, no ofrece nada nuevo sobre el gran problema del terrorismo internacional. Eso sí, el director de Blade Runner nos entrega un excelente producto comercial lleno de acción, explosiones, persecuciones, torturas y con unas interpretaciones notables y una excelente factura visual (su sello característico como director). Además, Red de mentiras, aunque cae en cierto pesimismo sobre la condición humana también denuncia las violaciones de los derechos humanos por parte de unos (algunos occidentales) y otros (algunos orientales).

viernes 24 de octubre de 2008

TRANSSIBERIAN


















País: Alemania, España, Lituania, Reino Unido. Dirección: Brad Anderson. Intérpretes: Woody Harrelson, Emily Mortimer, Kate Mara, Eduardo Noriega, Thomas Kretschmann, Ben Kingsley, Etienne Chicot. Guión: Brad Anderson, Will Conroy. Música: Alfonso Vilallonga. Fotografía: Xavi Jiménez. Distribuye en Cine: Filmax. Duración: 111 min. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Género: Thriller. Estreno: 24-10-2008.

El tren de la droga

Un joven matrimonio americano visita China para ayudar a una ONG que recoge niños abandonados con el patrocinio de la iglesia a la que pertenece el marido (Roy). Para el regreso deciden utilizar el tren (El famoso Transiberiano) y así hacer algo de turismo y superar sus crisis conyugales. En el mítico ferrocarril ruso, Roy y Jessie conocen a otra pareja (Carlos y Abby) que vienen de Japón, donde han impartido clases de español, y aunque es una extraña pareja, con no muy buena pinta, al final hacen amistad con ellos. También viaja en ese tren el inspector de narcóticos Gringo, un hombre muy peculiar.

Transsiberian consigue mantener la intriga en varios momentos y tiene algunas escenas de acción aceptables, pero cae en lo desagradable y violento en varias ocasiones. La trama tiene unos giros poco creíbles, aunque pretendan sorprender al espectador, y Eduardo Noriega vuelva a interpretar un papel tosco, endeble y totalmente amoral. Sólo se salvan las interpretaciones de Emily Mortimer y Ben Kingsley.

jueves 9 de octubre de 2008

CAMINO




País: España. Dirección: Javier Fesser. Intérpretes: Nerea Camacho, Carmen Elías, Mariano Venancio, Manuela Vellés, Pepe Ocio, Ana Gracia, Lola Casamayor, Jordi Dauder. Guión: Javier Fesser. Música: Rafael Arnau, Mario Gosálvez. Fotografía: Alex Catalán. Distribuye en Cine: Altafilms. Duración: 143 min. Género: Drama. Publico apropiado: Adultos. Estreno: 17-10-2008.

Un cóctel indigesto

Javier Fesser asegura que se ha inspirado, para rodar Camino, en la vida de Alexia González-Barros, una muchacha que falleció con fama de santidad en 1985 tras una dolorosa enfermedad causada por un tumor maligno. El heroísmo, entereza y serenidad de la muchacha ante el dolor, y el gran número de devotos que suscitó (y sigue suscitando) su vida y su muerte, dieron lugar a que se iniciara el proceso canónico para su beatificación y canonización.

La historia de Alexia es una epopeya de fe, amor y sacrificio (recomendamos visitar su web http://www.alexiagb.org/) no así la película de Javier Fesser, que afirma no creer en la verdad (todo es relativo para el realizador madrileño), no comprende la visión cristiana de la enfermedad y el sufrimiento, y me queda la curiosidad, después de ver la película, de qué entiende Fesser por amor. Y mi perplejidad aumenta cuando le oigo declarar que no entiende el significado de ofrecer el dolor por amor (¿desde cuándo el amor y el sacrificio no tienen nada que ver entre sí?).

También sorprende el cambio de registro que esta película supone en la filmografía del autor, pues salvo su último cortometraje (Binta y la gran idea), todo su trabajo se mueve en el ámbito de la comedia y la parodia (El milagro de P. Tinto, La gran aventura de Mortadelo y Filemón). Tal vez por eso, cuando aborda un drama como Camino el resultado sea una película desmesurada y con un metraje excesivo (143 minutos).

Parece que cuando le sacan del gag ingenioso, irreverente o sarcástico, Fesser no se encuentra a sus anchas contando una historia que, como sucede en este caso, le viene muy grande. Tal vez por eso tiene que recurrir cada dos por tres a parches (escenas demasiado largas, morbo en las escenas de quirófano, insertos de películas de animación como la Cenicienta, etc.) para disimular la falta de ritmo de su historia.


Grandes maestros y pequeños burlones

Se echa en falta, tras el visionado de Camino, el talante y la cultura humanística de realizadores cinematográficos de la talla de Wim Wenders (no hace falta más que comparar la grotesca y rancia visión de los ángeles que nos ofrece el director español, con la audaz y genial del alemán en Cielo sobre Berlín) o Richard Attenborough en su genial retrato del sentido del dolor en Tierras de penumbra, un biopic sobre el escritor inglés C.S. Lewis. También se encuentra Fesser a años luz de ese canto a la vida y a la dignidad de la persona (incluso gravemente enferma) que es Despertares. El director de Camino, por el contrario, se encuentra más cerca de directores que exhiben una antropología precaria, de andar por casa, como les sucede a Amenábar (Mar adentro) o Jeunet (Amelie).

Otra actitud ausente en Fesser es la de los grandes directores clásicos (Zinneman, Pasolini, Rossellini, Bergman, etc.) caracterizados por su respeto y comprensión (no identificación) hacia los personajes retratados por sus filmes, sobre todo si eran históricos (santos, o incluso el mismo Jesucristo) y el director no compartía sus creencias o incluso era ateo. Con citar unos pocos títulos, entre cientos, será suficiente: Francesco, juglar de Dios, El Mesías, El evangelio según san Mateo, El séptimo sello, El manantial de la doncella o Un hombre para la eternidad.

La óptica de Fesser se asemeja más a la de Ray Loriga en la fallida Teresa, el cuerpo de Cristo. Una visión que no intenta comprender el fenómeno relatado sino adaptarlo y comprimirlo a su particular visión beligerante. Tales posturas reflejan lo que el director de cine ruso Andrei Tarkovski denunciaba en su ensayo Esculpir en el tiempo, cuando advertía que el “arte moderno ha entrado por un camino errado, porque en nombre de la mera autoafirmación ha abjurado de la búsqueda del sentido de la vida. Así, la llamada tarea creadora se convierte en una rara actividad de excéntricos, que buscan tan sólo la justificación del valor singular de su egocéntrica actividad”.
(¡Lástima de talento visual desperdiciado (el de Fesser y el de Loriga) por culpa de una actitud tan poco comprensiva con el otro! Podrían haber sido dos grandes películas, pero...).

Machismo progre

Además de su perspectiva escéptica, toda la película destila cierto machismo. Los dardos de Fesser apuntan innegablemente a las mujeres del Opus Dei. Casi todas las ironías y críticas se vierten sobre ellas. Da la impresión de que Fesser ha bebido en aguas demasiado turbias y no se ha preocupado por examinar la vida real de tantas mujeres que representan la normalidad dentro de esa institución de la Iglesia Católica. Incluso se atreve a decir que realiza una radiografía del Opus Dei, pero una radiografía, habría que matizar, hecha a despojos o esqueletos, no a un ser real, vivo y de carne y hueso.

Tampoco le parece relevante a Javier Fesser respetar la libertad de la mujer para elegir el tipo de vida que quiera y renunciar, si es el caso, a un marido. Tras el visionado de la película podría deducirse que sin el hombre la mujer no es nada. Y resulta cuanto menos curioso que el director de Camino no se atreva a señalar lo que Santa Teresa de Jesús decía con orgullo acerca de su condición y libertad de mujer célibe, una elección personal que le otorgó una independencia superior a la de muchas otras mujeres de su tiempo. Y aunque Fesser cite a la santa en la película, una vez más demuestra no comprenderla.


¿Todo es relativo?

El relativismo es el dogma incuestionable de lo políticamente correcto. Es cierto que no es fácil hablar de la verdad en nuestros días. En periódicos, debates televisivos, chats o tertulias radiofónicas cualquiera puede defender su opinión con la condición de no que pretenda poseer la verdad. Se defiende la tolerancia, no como respeto a la persona independientemente de sus opiniones, sino como velada aceptación del relativismo: “todo vale y todo es verdad”. Lo contrario podría tomarse como un acto de violencia, pues enfrentarse al relativismo se considera fundamentalismo o conservadurismo.

Pero decir que ‘algo es verdad para ti’, o ‘que todos tenemos la verdad’, viola una norma básica de nuestro pensamiento y de la realidad: el principio de no-contradicción. Si todas las opiniones son válidas resulta que una misma realidad sería verdadera y falsa a la vez, buena y mala, bella y fea. El hombre sería libre y no-libre; el asesino, culpable y no-culpable; el embrión, humano y no-humano, etc. Parece mucho más sensato, y honesto, superar las opiniones subjetivas, como dice Antonio Machado:

¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

Si todo es relativo, como pretende el director de Camino, también el relativismo lo es. De igual modo que si todo es mentira, es verdad que todo es mentira. El escepticismo y el relativismo no tienen salida, son una jaula para locos. Si no se pudiera conocer la verdad, no tendríamos experiencia del error. Está claro que las circunstancias históricas y sociales o la educación recibida pueden influirnos en nuestras opiniones y juicios. Pero esa cárcel de los prejuicios tiene una salida, como también la tienen la caverna platónica y el mundo virtual de Matrix.

El subjetivismo, en la práctica, lleva a transformar las normas morales según el propio gusto, provocando la desaparición de todo punto de referencia y creando una situación de desconcierto moral y hasta psicológico. Actualmente, para salvar su ‘autenticidad’, muchos afirman no estar arrepentidos de nada. Pero algunos psiquiatras advierten que esta es la causa de muchas de las neurosis actuales.

Quizás por eso, nuestra sociedad necesita, para su buena salud psíquica, de los grandes sinvergüenzas: unos personajes ‘inauténticos’ que no cambiaban la realidad ni justificaban su conducta modificando a su gusto las normas éticas, más bien –nos recuerda Jacinto Choza– asumían el error de sus debilidades. Como prototipo de estos personajes encontramos a Lope de Vega, Carlos V o Felipe II, quienes arreglaban sus problemas de conciencia con sus confesores. Frente a ellos el ‘auténtico’ (y colérico) Enrique VIII, hizo pasar la conciencia de sus súbditos por las sábanas de su cama. Modificó la moral para tranquilizar su conciencia, pero no tuvo reparo en eliminar, no sólo a varias de sus esposas, sino a muchos de sus más cualificados amigos, Tomás Moro entre ellos.

Mr. Peebles y la verdad

Para Fesser da lo mismo hablar de Mr. Peebles (el enano mágico de Camino), que de un gnomo, un hada o Dios. En el fondo, todo sería producto de nuestra imaginación, o de nuestros deseos de placer o de poder sublimados. Pero más bien habría que decir que nuestra psicología profunda es mucho más rica que todo lo que las escenas oníricas de Camino pretenden: porque está abierta a la infinitud de lo real. No sólo nos interesa dominar o disfrutar. También la verdad, el amor y la belleza mueven al hombre.

Que la persona sea un misterio conlleva que el sentido de sus deseos e impulsos esté en la realidad y no en la subjetividad. Sería absurdo decir que la sed, por ejemplo, crea o se inventa el agua. Si existe la sed es porque hay agua (o algo similar que la calme). Lo mismo ocurre con el deseo de felicidad: tiene que haber una realidad que lo colme, pues en caso contrario no existiría la experiencia de la desesperación y el hombre sería un ser absurdo, una pasión inútil. Tal postura resulta casi imposible de sostener en la práctica (Sartre no pudo), pues en tal situación la vida no merecería la pena ser vivida. Pero desde el instante en que decidimos vivir, reconocemos implícitamente un sentido en nuestra existencia.

En definitiva, el psicologismo (y Fesser con él) parece no advertir que los deseos remiten más allá de ellos mismos. No podemos reducir el misterio del hombre a lo que se encuentra en su inconsciente (expresado por las escenas surrealistas de Camino, que pretenden descubrir un mundo imaginario en el que la protagonista es feliz). Es necesario salir de ese reducido ámbito de nuestra psicología y advertir que la fuente que sacia nuestros anhelos está fuera de nosotros, tal y como lo descubrió Alexia en su vida real. De ahí que muchos psicólogos humanistas actuales (Viktor Frankl, Daniel Goleman, Oliver Sacks, Lou Marinoff o Enrique Rojas) hayan superado las deficiencias del psicoanálisis al reconocer que la madurez humana no se basa en el equilibrio obtenido por la satisfacción de los impulsos primarios (el célebre y triste tópico: ¡comamos y bebamos que mañana moriremos!), sino en el esfuerzo por trascenderse, ir más allá de sí mismo y buscar un sentido a la vida.

Este sentido no es creado por la persona, más bien es algo o alguien que encuentra en su vida. A Fesser se le escapa que el amor, el trabajo creativo, la religión e incluso el sacrificio constituyen aspectos de la realidad que otorgan significado y sentido a la vida humana.

El supuesto ateísmo de Fesser

Javier Fesser es muy libre para alegar que no existe la verdad, o que no cree en ningún ser trascendente a este mundo. Lo que sí se le puede exigir es que sea consecuente con esas afirmaciones y no las esgrima como si fueran algo tan inocente e inocuo como cualquier otra opinión.

La verdad es que muchos ateos son muy hábiles en el juego de tirar la piedra y esconder la mano. Por fortuna, algunos pensadores de nuestra historia más o menos reciente reconocen las consecuencias que acarrea para la vida humana la negación de Dios. “Si Dios no existiera, todo estaría permitido”, se afirma en la novela de Dostoievski Los hermanos Karamazov. La negación del Absoluto hace que todo se vuelva relativo. A la misma conclusión llegan Nietzsche y Sartre.

Estos autores irrumpen en el escenario de la historia de nuestra cultura como lúcidos delatores de las incongruencias de una ética basada en la negación de la existencia de Dios. Sirva de ejemplo el caso de Sartre: “El existencialismo se opone decididamente a cierto tipo de moral laica que quisiera suprimir a Dios con el menor gasto posible.(...)El existencialista, por el contrario, piensa que es muy incómodo que Dios no exista, porque con él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible; ya no se puede tener el bien a priori, porque no hay más conciencia infinita y perfecta para pensarlo; no está escrito en ninguna parte que el bien exista, que haya que ser honrado, que no haya que mentir” (El existencialismo es un humanismo).

La única norma que regiría las conductas sería la voluntad del más fuerte: llámese ciencia, opinión pública o política. Por eso la muerte de Dios anunciada por Nietzsche, dio lugar a la muerte del hombre anunciada por los filósofos estructuralistas y llevada a cabo en los genocidios nazis y soviéticos. El siglo XX tal vez pase a la historia como uno de los más crueles que haya habido nunca. Y los inicios del XXI no están siendo muy halagadores al respecto.

El nihilismo ateo (a veces disfrazado de verborrea religiosa o nacionalista) y el subjetivismo producen conductas como la del terrorista que disimula su horrenda masacre con la sofística afirmación de que actúa en nombre de Dios o de la nación. El miembro suicida de una secta cree que está haciendo un acto meritorio para llegar al más allá, cuando nadie es dueño absoluto de su propia realidad. También el defensor de la eutanasia cae en el subjetivismo cuando opina que el enfermo terminal ya no puede encontrar un sentido para su vida.

Si Dios no existiera –algo de lo que Fesser pretende convencernos con su filme– nuestros derechos serían muy precarios, por no decir inexistentes. El ser humano más débil (no nacido, anciano o enfermo terminal) dependería siempre de la decisión de los demás para conquistar su derecho a existir. Es algo que empieza a ser habitual en la coyuntura presente, en la que cierta parte de la sociedad, y algunos parlamentos, han asumido el papel de la divinidad. Pero nuestro mundo no tendrá la suficiente fuerza moral para salir del infierno iniciado en el siglo pasado –y llegar a respetar el valor incondicional de toda vida humana– mientras no se reconozca que el fundamento último de esa vida es un ser personal absoluto y trascendente: Dios.









sábado 13 de septiembre de 2008

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS



Título original: The Boy in the Striped Pyjamas. País: EE.UU., Reino Unido. Dirección: Mark Herman. Intérpretes: Vera Farmiga, David Thewlis, Rupert Friend, Jim Norton, Sheila Hancock, Asa Butterfield, Jack Scanlon, Cara Horgan. Guión: Mark Herman. Música: James Horner. Fotografía: Benoît Delhomme. Distribuye en Cine: Walt Disney. Género: Drama. Público adecuado: Jóvenes. Estreno: 26-09-2008

El horror visto por un niño


¿Qué pasaría si el hijo del comandante jefe de Auschwitz se hiciera amigo de un niño judío prisionero en ese horrible campo de concentración? Esta es la premisa dramática de la película que adapta el bestseller del mismo título escrito por John Boyne.

Bruno, es un niño alemán de ocho años ajeno a los horrores de la Segunda Guerra mundial, en los cuales participa su padre como oficial de las temidas SS. Pero su felicidad infantil se ve truncada cuando la familia debe abandonar su preciosa casa de Berlín para trasladarse a un lúgubre caserón del campo, un traslado que Bruno no entiende, pues le priva de sus amigos y le somete a una monótona existencia. Todo cambia cuando un día conoce a Schmuel, un muchacho de su misma edad, pero desnutrido y sucio, y que viste un extraño pijama de rayas con un número en el pecho.

Cuando parecía que ya no se podían contar más historias sobre el Holocausto provocado por los nazis, aparece esta sencilla historia que no aporta nada nuevo a lo ya sabido por los libros o las múltiples películas sobre el tema. ¿Qué es pues lo original de El niño con el pijama de rayas? El punto de vista infantil. Una perspectiva que la novela nunca abandona, pero la película se permite hacerlo en algunas breves ocasiones. De todos modos, la versión cinematográfica agradará a los que leyeron la breve novela, y sorprenderá a los que descocían el emotivo y duro relato.

viernes 1 de agosto de 2008

EL CABALLERO OSCURO




















País: EE.UU. Dirección: Christopher Nolan. Intérpretes: Christian Bale, Michael Caine, Heath Ledger, Maggie Gyllenhaal, Gary Oldman, Morgan Freeman, Aaron Eckhart. Guión: Jonathan Nolan, Christopher Nolan. Música: James Newton Howard, Hans Zimmer. Fotografía: Wally Pfister. Distribuye en Cine: Warner. Duración: 152 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Thriller, Acción, Cómic. Estreno: 13-08-2008.


Acción con fondo

La ciudad de Gotham sigue dominada por la corrupción (incluso en la fiscalía y el cuerpo policial) y la Mafia que maneja casi todo el dinero de la zona (a excepción de la fortuna de Bruce Wayne, alias Batman). Con la llegada de un nuevo fiscal, Dent, del jefe de policía Gordon, y del eficaz ayuda del hombre de negro, parece que todo la ciudad volverá a ver la luz. Sin embargo, la aparición de un siniestro personaje que tiene su cara pintada como si fuera un payaso, Joker, dará al traste con esas esperanzas.

El caballero oscuro es una secuela magistral, algo que no suele ser muy corriente, con un guión casi perfecto, un ritmo trepidante y que no decae en ningún momento, unos efectos especiales que muestran una Gotham real (y no de cartón piedra digital), y una interpretación excelente de todo el sensacional reparto, pero sobre todo la del malogrado Ledger, que interpreta al Joker.

El caballero oscuro no decepciona ni a los incondicionales del género, ni a los que pedimos al cine algo más que puñetazos y persecuciones. Los personajes no son nada tópicos y lo conflictos son muy interesantes. ¿Qué ocurrirá con Bruce y su antigua novia? ¿Debe un superhéroe tener mujer o no? ¿Qué precio debe pagar alguien para poder salvar a otros?

Junto a todo esto, El caballero oscuro hace una esperanzadora defensa de la bondad humana y su capacidad de redención.


La tarea del héroe frente al mal

Toda la espectacularidad visual de El caballero oscuro esconde una reflexión sobre la violencia y sus consecuencias, a la vez que propone un discurso pacifista. En él se nos plantea la creatividad y la entrega del héroe que carga o asume el mal de los demás para eliminarlo, como fuerza que supera el odio.
Algunos filmes muestran violencia explícita y otros no, lo definitivo reside en la actitud que provocan en el público (creativa o no) y el mensaje conceptual que aportan. Por un lado, la excesiva inmediatez en el tratamiento del mal nos abruma y paraliza. Se trata de películas que dejan sin respuesta al espectador y le sumen en la desesperación. Pueden provocar en el público, sobre todo si es emotivamente frágil, efectos negativos; además, tales filmes muestran un pesimismo radical sobre la condición humana.

Por el contrario, las que provocan una actitud de encuentro, que conjuga inmediatez y distancia ante el misterio del mal, como es el caso de El caballero oscuro, producen una catarsis en el espectador que le permite ver con luces nuevas el enigma del dolor y darle un sentido. Estas películas pueden ser duras, pero también esperanzadoras y optimistas.




CINTURÓN ROJO


País: EE.UU. Dirección: David Mamet. Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Tim Allen, Alice Braga, Emily Mortimer, Joe Mantegna, Rebecca Pidgeon. Guión: David Mamet. Música: Stephen Endelman. Fotografía: Robert Elswit. Distribuye en Cine: Sony. Duración: 99 min. Género: Acción. Estreno: 08-08-2008.


Artes marciales, cine y ética

Mike Terry es un experto de jiu-jitsu, pero no quiere participar en competiciones oficiales y se limita a regentar una academia para ofrecer su experiencia en artes marciales a policías y guardaespaldas. Pero un día salva a un hombre de ser apaleado en un local de copas, y resulta que el individuo en cuestión es una estrella del cine que, en gratitud a su salvador, le ofrece colaborar en una de sus películas. Pero tras el ofrecimiento aparecerán una serie de turbios personajes sin escrúpulos que chocan con la integridad de Mike.

David Mamet es uno de los mejores guionistas de Hollywood y en algunas de sus películas (El caso Winslow, State and Main) arremete contra las inmoralidades del mundillo cinematográfico o de otras instituciones públicas. En Cinturón rojo aborda el mismo tema pero desde la óptica del boxeo y las artes marciales, como ya se hiciera en Million Dollar Baby o en Cinderella Man.

A pesar de esto el estilo cinematográfico de Mamet es muy diverso al de las películas citadas. Su punto fuerte son los personajes y los diálogos (no en vano procede el mundo teatral) y el sentido del honor, que recuerda a filmes japoneses clásicos como Los siete samuráis, pero en versión americana actual.


Necesidad de la Ética profesional

Parece que está de moda hablar sobre deontología profesional. Incluso el buen gusto se plantea como categoría no sólo estética, sino también ética. Sin embargo no basta con el buen gusto para que un trabajo creativo sea moralmente aceptable. A pesar de todo, el buen gusto puede ser el reflejo de una postura ética, que ha sido definida como el arte de la buena vida; ¿y en qué consiste esa vida ideal? La respuesta nos la ofrece la propia ética, un saber práctico que nos orienta en la búsqueda de esa meta.

Ética y creatividad

Se puede decir que la ética es una experiencia y un arte. Y como todo arte, está vinculada a la creatividad. ¿Qué creatividad? La que persigue descubrir cuál es la conducta digna, la mejor posible para el bien de la persona, y el esfuerzo por realizarla –como la decisión final de Rick Blaine en Casablanca–. Y como el arte, no busca dominar o utilizar, tan sólo busca descubrir el esplendor del bien y realizarlo en la vida.

La ética, antes que una teoría, es una experiencia, algo que se descubre en lo ordinario y se incorpora al vivir cotidiano. Pero también es una ciencia, un saber de tipo práctico que analiza la acción humana desde el punto de vista del bien y del mal, o dicho de otro modo, de lo que perfecciona o daña a la dignidad de la persona. Es la ciencia del deber ser, por tanto presupone el apoyo de otras ciencias que estudian el ser del hombre, como la antropología o la epistemología. Estas ciencias nos aportan conceptos básicos para la ética, como son: verdad, persona, fin y dignidad. También se distingue de cualquier técnica, pues se trata de conocimientos que buscan medios, no fines. La ética, en cambio, no se limita a describir o cuantificar actos, o a calcular los medios para ser más eficaz, sino a valorar tanto los actos humanos como los fines y los medios.

Honor versus utilidad

Hablar de ética equivale a reconocer que algunas actitudes enriquecen a la persona y otras le hacen daño, tanto a escala individual como social. Precisamente la alarma ética surge cuando se descubre, como hace Mike en Cinturón rojo, que algo nos impide alcanzar la finalidad propia de la persona: la felicidad y plenitud a que aspiramos. Y también cuando en el trabajo profesional se advierten conductas que dañan bienes de gran valor. Y hay algo que nos disgusta, aunque sólo sepamos intuirlo de un modo confuso, pues resulta más creativo respetar a la persona y tratarla como tal que reducirla a un medio para conseguir más audiencia, como ocurre con los combates que organizan algunos personajes de la película Cinturón rojo.

La ética profesional es precisamente la voz de la conciencia en la profesión; la ayuda fundamental para unificar la creatividad estética con la creatividad ética. Cuando existe una buena educación de la sensibilidad moral es más fácil identificar qué programas, anuncios o películas están mal porque nos dañan a nosotros y dañan a los otros. Constituye, sin más, la sabiduría práctica para ser creativos haciendo el bien.

Precisamente, quizá el mayor problema ético que detecta David Mamet en la sociedad actual proceda de poner la utilidad en primer lugar: otorgar tanta prioridad a la obtención de resultados que cualquier otra consideración caiga en el olvido. Porque si lo único que se busca es el aumento de audiencia, con frecuencia la ética no es el camino más corto. Sin embargo, para entender el discurso ético hay que situar la utilidad es su lugar, y supeditarla al bien. La ética está por encima de la utilidad; busca el bien, personal y social. Por eso el comportamiento ético siempre compensa a largo plazo: como refleja la emotiva escena final, que da título al filme, de Mike y su maestro en el cuadrilátero.



VENGANZA



País: Francia. Dirección: Pierre Morel. Intérpretes: Liam Neeson, Maggie Grace, Famke Janssen. Guión: Luc Besson, Robert Mark Kamen. Música: Nathaniel Mechaly. Fotografía: Michel Abramowicz. Distribuye en Cine: Fox. Duración: 93 min. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Género: Acción, Thriller. Estreno: 08-08-2008.


Represalia contra el tráfico de mujeres

Liam Neeson, protagonista indiscutible de Venganza, interpreta a un espía americano retirado, y separado de su mujer, que debe volver a la acción cuando su hija es secuestrada durante un viaje a París. Ante la ineficacia de los servicios policiales, y movido por su amor de padre agraviado, se embarca en solitario en una arriesgada aventura para salvar a su hija. Una vez en París descubre que los captores son una banda de traficantes albaneses que se dedica a la venta de mujeres. Y averigua con horror que pretenden entregar a su joven hija como concubina para un sultán.


Venganza es una película de acción trepidante (no parece francesa), y con grandes dosis de violencia. Algunas secuencias de persecución son espectaculares, y otras algo increíbles. Pero además, el filme supone la recuperación del actor inglés para un papel protagonista.


A pesar del género, la película suscita la reflexión sobre el sucio negocio que convierte a las mujeres en pura mercancía. Una sociedad que no trata de impedir a toda costa la conversión de la mujer en objeto no está luchando en serio contra la violencia doméstica.

Sería de agradecer que nuestra ministra de Igualdad (Bibiana Aído) promoviera campañas para evitar que la televisión o la publicidad contribuyan a esa degradación de la mujer que la reduce a objeto posesivo, y de placer, para la mirada masculina.

Violencia contra la mujer


Un tema de rabiosa actualidad. Desgraciadamente, casi todas las semanas oímos alguna noticia trágica sobre un nuevo caso de violencia doméstica. Se trata de un terrible problema que tiene múltiples causas. Al hilo de la trama de fondo de Venganza, queremos centrarnos en el papel que desempeñan los medios audiovisuales en esta cuestión.

Es de sobra conocido el papel configurador de la sociedad que tienen los medios. La imagen de la mujer creada por el cine y la televisión puede tener una función relevante en este grave asunto. Así se entiende que el Instituto Oficial de Radio y Televisión (IORTV) publicara en el año 2002 un informe titulado Mujer, violencia y medios de comunicación. En dicho informe se realiza un análisis de las causas de la violencia doméstica y se proponen una serie de principios deontológicos sobre su tratamiento en los medios audiovisuales.

Un informe del IORTV


Si se desea acabar con la lacra de la violencia de género será conveniente eliminar de los medios audiovisuales los modelos femeninos que lesionen su dignidad:

“Las imágenes negativas, violentas o degradantes de la mujer, incluida la pornografía, y sus descripciones estereotipadas han aumentado en diferentes formas, recurriendo a nuevas tecnologías de la información en algunos casos, y los prejuicios contra la mujer siguen existiendo en los medios de difusión”. (Informe del Comité Especial Plenario del vigésimo tercer período extraordinario de sesiones de la Asamblea General. 2000. Naciones Unidas (ONU), p. 19)

El desnudo femenino se incrementó desde el 2% en los anuncios de las revistas en 1983, hasta el 6% en las de 1993. Pero el informe del IORTV sobre Mujer, violencia y medios de comunicación considera que no se debe confundir el morbo con el interés social. La imagen no lo es todo, se puede recurrir a la elipsis, a los recursos del lenguaje cinematográfico para que la imagen no adquiera un valor documental y se respete la dignidad de los actores.

Asimismo, la reconstrucción de los hechos que abunda en detalles escabrosos no ayuda a identificar el problema y sólo provoca el morbo o la conmiseración hacia la víctima. Es de agradecer que el filme Venganza, en general, siga las pautas del IORTV en su puesta en escena evitando caer en el morbo.

El documento del IORTV también recomienda que los medios de comunicación desarrollen buenas prácticas en este tema, y para ello deben evitar la utilización gratuita y deliberada del cuerpo de las mujeres como reclamo informativo, para aumentar los beneficios empresariales o para complacer la mirada masculina. Hay que hacer lo posible por evitar esos estereotipos.

Si se desea acabar con la lacra de la violencia doméstica será conveniente eliminar, de los medios audiovisuales, los modelos femeninos que lesionen la dignidad de la mujer, al convertirla en mero objeto de posesión o de placer del varón.

DEJAD DE QUERERME

País: Francia. Dirección: Jean Becker. Intérpretes: Albert Dupontel, Marie-Josée Croze. Guión: Eric Assous, Jérôme Beaujour, Jean Becker, François d'Épenoux. Fotografía: Arthur Cloquet. Distribuye en Cine: Golem. Duración: 85 min. Público apropiado: Jóvenes-adultos. Género: Drama. Estreno: 1-08-2008.


¿Dónde está la felicidad?


Antoine es propietario de una agencia de marketing que funciona a las mil maravillas. Su vida es feliz y acomodada. Pero sin razón aparente, un día se le cruzan los cables y ridiculiza a un cliente, abandona la agencia y vende su parte a otro socio. Para colmo, llega a su casa el día de su 42 cumpleaños y su mujer le acusa de infidelidad, él lo niega pero el clima se tensa y acaba arremetiendo contra los dibujos que sus hijos le regalan. Por si esto no bastara, durante la cena de cumpleaños, reprende con crueldad los defectos de sus amigos y acaba a puñetazos con uno de ellos. ¿Qué le ocurre a Antoine? ¿Es la crisis de los cuarenta? ¿O hay algo más?


Jean Becker es un director francés que nos ha regalado películas tan entrañables como La fortuna de vivir o Conversaciones con mi jardinero, en las que nos muestra unos personajes muy humanos que se debaten buscando un sentido a su vida.

Lo mismo hace, aunque con un resultado menos notable, en Dejad de quererme. Un filme que arremete con sinceridad sobre la sociedad hedonista y consumista de nuestro tiempo que piensa que en el dinero y el bienestar estriba la felicidad. Una crítica certera, al que tal vez le falte algo de trascendencia, pero que en cualquier caso resulta interesante y hace reflexionar al espectador.


Vacío existencial y tragedia

La extravagante conducta de Antoine se comprende como una reacción de hastío ante una sociedad autosatisfecha y egoísta. El hombre cegado por el hedonismo y el afán desmesurado de bienestar toma sus deseos como criterio supremo de acción y arrastrado por el placer pierde la libertad interior. No distingue entre experiencias fuertes y experiencias creativas. Arrastrado por la seducción del vértigo del poder o del placer, el individuo pierde la libertad para ser creativo, porque la creatividad exige una apertura a las realidades valiosas, y el hombre sometido a sus apetencias permanece enclaustrado en su interioridad egoísta (LÓPEZ QUINTÁS, A.: El amor humano, su sentido y alcance. Edibesa, Madrid, 1992, p.119).

El protagonista de Dejad de quererme se siente exaltado y eufórico pero acaba angustiado y vacío. Intenta eliminar ese misterio del dolor y la muerte que le abruma, o tiende a considerarlo un mero problema del que debe librar a su familia, lo cual le arrastra a una conducta de rechazo violento hacia todo lo que le rodea y ama.

Libertad y donación personal

Una de las causas principales del desajuste ético de nuestra época, muy bien reflejado por el filme de Jean Becker, radica en la ausencia de verdadero encuentro en la vida personal. Desde hace décadas el hombre occidental manifiesta una atracción hacia los modos de vida infrapersonales y pretende con ello llegar a fundirse con el entorno y con los otros, como si se tratara de objetos. Además se afirma que en esa fusión se encuentra la felicidad. Son vivencias en las que priman el componente sensual y sentimental, las emociones fuertes que agitan al sujeto hasta hacerle perder la conciencia.


Nos enfrentamos a un tópico que también aparece en el cine, la publicidad y en algunas obras literarias y musicales contemporáneas: la búsqueda de la fusión con lo que se ‘ama’, perderse en lo otro y en el otro, buscar una unión física, intensa y estremecedora, pero fugaz. Tal tendencia al contacto físico se convierte en un sucedáneo del verdadero encuentro amoroso: pegarse a la piel de otro o fundirse dos cuerpos en un intenso abrazo no implica necesariamente una estrecha unión personal.


Estos actos de comunicación humana corporal deben ser manifestación de algo más profundo, sin lo cual se vuelven fugaces y estériles, como se advierte en un par de escenas de la película que estamos comentando.

El amor desinteresado como sentido de la vida

El poder del amor permite superar todas las crisis, evitar el sentimentalismo y dar pleno sentido a una vida en apariencia anodina. Una lección olvidada por Antoine, el protagonista de Dejad de quererme.


Y es que el ser humano, en definitiva, se autorrealiza en la medida en que se trasciende al servicio de una causa o en el amor a otra persona. Un amor que suele ir acompañado por el dolor. Es decir, el hombre sólo se humaniza plenamente cuando se pasa por alto y se olvida de sí mismo (V. FRANKL, El hombre en busca de sentido), pero tal vez no sea necesario para ello huir de los que se ama, como hace Antoine, aunque esto, a la postre, le permita la reconciliación con su padre. Y es que el cine de Becker es realista pero no pesimista, está inundado de un irrefrenable deseo de vivir.

Pues como decía su compatriota Bergson, la alegría anuncia el triunfo de la vida. Y a veces se puede confundir la alegría y el entusiasmo con la mera euforia, lo cual es una banalización de la felicidad. La dicha no se alcanza cuando se persigue con obsesión y de modo individualista, como fruto de una mera complacencia o de instintos satisfechos, sino que brota del interior de quien se preocupa por buscar el sentido de su vida entregándose a los demás.



miércoles 23 de julio de 2008

SOY UN CYBORG


País: Corea. Dirección: Park Chan-wook. Intérpretes: Lim Su-Jeong, Rain, Choi Hie-jin, Lee Yong-nyeo, Oh Dal-Su. Guión: Jeong Seo-Gyeong, Park Chan-wook. Música: Jo Yeong-wook. Fotografía: Jeong Jeong-hun. Distribuye en Cine: Versus. Duración: 105 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Comedia, Romántico. Estreno: 18-07-2008.

Una muchacha ingresada en un psiquiátrico guarda un secreto: ¡Ella es un cyborg! Por eso regaña a las luces fluorescentes y habla con los expendedores automáticos de bebida porque se cree un ser mecánico como ellos. Otro joven interno del hospital, que cree poder robar los dones de los demás, no quitará ojo a la nueva paciente y usará su habilidad especial para conseguir que la joven pruebe bocado, pues cada vez está más y más delgada debido a su dieta a base de baterías. Esta extraña relación dará lugar a un singular amor entre los dos.

Soy un cyborg es una extravagante y surrealista película coreana que a ratos recuerda a Amelie, y a ratos a una comedia disparatada de los años 30. Pero además suscita una curiosa reflexión sobre el terrible drama de la anorexia. Un tema que no abordaremos por haberlo hecho en un artículo anterior (Ver en este blog la reseña sobre Hancock y el culto a la imagen).

Sí, en cambio, nos parece sugerente el título de este filme coreano por su alusión a un subgénero clásico en la ciencia ficción: la inteligencia artificial.


¿Puede pensar un ordenador?

Algunos científicos afirman que en el futuro se podrá construir un robot que a semejanza del hombre, tras un proceso de aprendizaje del lenguaje y de captación del mundo exterior por medio de órganos periféricos, se adentraría posteriormente en el ámbito del pensamiento. Es decir, ciertos científicos relacionados con la cibernética tienden a equiparar inteligencia humana e inteligencia artificial, en las que sólo ven una diferencia cuantitativa.

Pero ¿la inteligencia humana y la artificial son semejantes, o la inteligencia artificial simplemente copia algunos mecanismos operacionales de la humana? A primera vista parece haber semejanzas operacionales entre el cerebro y el ordenador. Tanto el uno como el otro: reciben información del exterior o del interior de ellos mismos, procesan esa información, la almacenan, y responden en relación con los datos e información de su memoria.

En cambio, es obvio que en la actualidad las diferencias entre los ordenadores y el pensamiento humano son grandes, pero ¿se salvarán en el futuro? Partiendo de esta idea algunos autores llegan a afirmar que en ese caso el ordenador sería de suyo inteligente. Pero parece poco probable que una máquina captara el humor, las frases de doble sentido o las metáforas: en definitiva, lo no literal o lo que se mueve en varios planos o niveles semánticos. Y aunque lograra hacerlo, después de todo lo dicho habría que concluir más bien que ese ordenador simula procesos lógicos, es decir, no es consciente de ellos y por tanto no es en realidad inteligente. Y es que la mente no es un elemento físico más dentro de un sistema artificial.

El pensamiento no se reduce al procesamiento de información y a la manipulación de símbolos. Cualquier novela o enciclopedia, o un avión espía contienen información procesada y símbolos (letras, palabras, gráficos, instrumentos) y no por ello les atribuimos inteligencia. Más bien son la plasmación de procesos inteligentes elaborados por el hombre. Una máquina –repetimos– es un artefacto diseñado para simular procesos inteligentes, pero no es en realidad inteligente.

Una habitación china (o coreana)

El ordenador, por tanto, no es consciente de sus procesos. Lo ejemplifica John Searle con el caso de la habitación china:

“Tomemos un idioma que no comprendamos; en mi caso tal idioma puede ser el chino (...). Supongamos ahora que me instalan en una habitación que contiene cestas repletas de símbolos chinos. Supongamos también que me proporcionan un libro de instrucciones en español, con reglas que estipulan cómo han de emparejarse unos símbolos chinos con otros. Las reglas permiten reconocer los símbolos puramente por su forma y no requieren que yo comprenda ninguno de ellos (...).

“Imaginemos que personas situadas fuera de la habitación y que sí comprenden el chino me van entregando pequeños grupos de símbolos, y que, en respuesta, yo manipulo los símbolos de acuerdo con las reglas del libro y les entrego pequeños grupos de símbolos. Ahora, el libro es el ‘programa informático’; las personas que lo escribieron son ‘los programadores’ y yo soy ‘el ordenador’. Los cestos llenos de símbolos constituyen la ‘base de datos’, los pequeños grupos que me son entregados son ‘preguntas’ y los grupos que yo entrego, las ‘respuestas’.

“Supongamos ahora que el libro de instrucciones esté escrito de modo tal que mis ‘respuestas’ a las ‘preguntas’ resulten indistinguibles de las de un chino nativo. Por ejemplo, la gente del exterior podría entregarme ciertos símbolos, desconocidos por mí, que significan: ‘¿Cuál es tu color favorito?’, y que tras consultar las instrucciones del libro yo devuelvo símbolos, desconocidos por mí, que significan: ‘Mi favorito es el azul, pero también me gusta mucho el verde’. (...)

“Lo dicho para el chino vale igual para otras formas de cognición. La mera manipulación de símbolos no basta, por sí misma, para garantizar cognición, percepción, comprensión, pensamiento, y así sucesivamente.” (SEARLE, J. R.: ¿Es la mente un programa informático?, en Investigación y Ciencia, Marzo 1990, pp. 10-11.)

Así funciona un ordenador. Realiza operaciones que desde fuera simulan inteligencia, pero él no es consciente, ni por tanto comprende dichos procesos. No puede hablarse de conciencia sólo por el hecho de que un sistema informático tenga datos acerca de sí mismo. “Una video‑cámara no es consciente de las escenas que está registrando; y tampoco una video‑cámara que esté dirigida hacia un espejo posee autoconsciencia” (PENROSE, R.: La nueva mente del emperador, Mondadori, Madrid, 1991, p. 508 ss.).


Una cámara de vídeo o un ordenador pueden tener una imagen de sí mismos mejor de la que tiene una persona. Un sistema informático –con sensores internos y procedimientos de autodiagnóstico– puede tener una imagen general de sí mismo y de su estado actual mucho mejor del que nos proporciona nuestro sistema nervioso. Puedo desconocer cómo está mi estómago, pero un ordenador puede llegar a realizar un chequeo preciso sobre el estado de sus ‘piezas’. Algo que ni un buen médico puede realizar sin un instrumental preciso. En definitiva, un ordenador puede tener muchos más datos sobre él mismo de los que una persona tiene sobre su cuerpo, pero no por ello tiene conciencia.

Tener conciencia no es lo mismo que disponer de datos sobre uno mismo. La conciencia presupone una unidad subjetiva, una mismidad e identidad o un yo. Por eso se puede tener conciencia con muy poca información sobre uno mismo, o incluso con información errónea.


Mismidad, circuitos y amor

La protagonista de Soy un cyborg debe tomar una postura respecto de sí misma. Advierte que su existencia consiste en elegir, pero elegir es, en el fondo, elegirse. De ahí la angustia que brota ante las decisiones fundamentales: el propio yo está en juego. Se trata de un problema totalmente ajeno a la seguridad y estabilidad de un androide.


Uno de los aciertos de Soy un cyborg (el mismo tema, y de un modo magistral, se plantea en el filme Inteligencia artificial) consiste en decir que el amor es lo que realmente nos humaniza. Un amor irreductible al mero sentimiento o a la sensualidad. Se trata más bien de la autodonación de una persona a otra.

lunes 14 de julio de 2008

HANCOCK Y EL CULTO A LA IMAGEN

País: EE.UU. Dirección: Peter Berg. Intérpretes: Will Smith, Charlize Theron, Jason Bateman. Guión: Vincent Ngo, Vince Gilligan. Música: John Powell. Fotografía: Tobias A. Schliessler. Distribuye en Cine: Sony. Duración: 90 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Acción, Comedia, Drama, Fantástico. Estreno: 18-07-2008

John Hancock tiene una innata capacidad de volar, una fuerza descomunal y es inmune a los disparos. Pero se trata de un héroe atípico, más bien parece un vagabundo borracho, un ser marginal que, a diferencia de los héroes clásicos, es odiado por sus conciudadanos. Sus paisanos no entienden por qué, cada vez que Hancock sale a la caza de unos delincuentes, acaba arrasando todo el mobiliario urbano. Y los modales del supuesto benefactor de la ciudad tampoco facilitan demasiado que la gente sienta afecto por él. Todo cambia cuando salva la vida a Ray, un experto en marketing, que demuestra su agradecimiento a John convirtiéndose en su asesor de imagen.

Hancock nos ofrece una original visión del héroe, en la que se busca reflejar su carácter más íntimo, sus dudas y el dilema planteado al protagonista por una inesperada pasión amorosa, a la que deberá renunciar si desea seguir luchando por el bien de la humanidad. Todo esto sin escatimar espectaculares escenas de acción y brillantes efectos especiales.

Will Smith sale airoso de este reto interpretativo, y vuelve a demostrar su capacidad para los papeles dramáticos, aunque sin eludir cierto tono cómico.

Obsesionados por el físico

Pero hay un tema de fondo que Hancock pone sobre el tapete, y es el consabido culto a la imagen que absorbe a nuestra sociedad. Una obsesión potenciada por los medios de comunicación, lo que plantea un problema ético importante, por ejemplo, en el caso de la anorexia (aunque la responsabilidad no sea exclusiva de los medios). No hay nada ilegal en usar modelos televisivos especialmente delgados. Pero la dimensión alcanzada por esta enfermedad en nuestro país (con un elevado incremento de adolescentes afectados), requirió la formación de una Comisión especial del Senado en noviembre de 1999. Dicha comisión (en la que colaboraron profesionales de los medios, médicos, filósofos, sociólogos, etc.) estudió el tema y elaboró unas conclusiones y unas recomendaciones deontológicas.

La anorexia y una comisión del Senado

Dicha comisión ha detectado que se ha producido un desplazamiento de algunos valores sociales existentes por otros establecidos por la cultura de masas y del consumismo, entre los que podríamos señalar:

a) La cultura del éxito, el cual aparece como un bien supremo que se identifica con la felicidad y al que se debe aspirar a cualquier precio;

b) la exaltación del culto al cuerpo, vinculada a la cultura unisex, ha creado el estereotipo de la extrema delgadez, asociada a belleza y éxito, y, en el caso de la mujer, la negación de lo femenino, dando origen a una imagen de mujer andrógina;

c) la juventud ha pasado de ser una etapa de la vida a ser un valor al que rendimos culto. Lo joven se ha divinizado. La floreciente y poderosa industria de la belleza, la moda, los cosméticos, las dietas, la cirugía estética, los gimnasios, incluso algunos juguetes ejercen una enorme influencia al definir, legitimar y propagar, a través de los medios de comunicación, un modelo corporal de belleza que glorifica la eterna apariencia de juventud.

Consecuentemente, se crean y se imponen modelos o patrones socioculturales en detrimento de los que la familia y la escuela pueden ofrecer. Por todo ello, una parte importante de la juventud no ha aprendido a asumir responsabilidades, ni a afrontar contrariedades, generándose situaciones de baja autoestima, falta de identidad y ausencia de aceptación de sí mismos, creándose una dependencia en cuanto a líderes de grupo que encarnan falsos mensajes procedentes del cine, la TV y el ambiente en general. La publicidad, como comunicación interesada que lo único que debería pretender es informar al público de un determinado mensaje comercial, abusa de forma reiterada e inadecuada de la figura de un estereotipo de mujer como reclamo publicitario.


Modelos de mujer y de hombre

En todos estos casos se crea un gran desconcierto en la juventud, sobre la que se ejerce una fuerte presión para adelgazar. Por eso se recomienda a los medios de comunicación, especialmente las radios y televisiones públicas, deben esforzarse por promover mensajes en los que no sea tan importante el aspecto externo como el contenido, la inteligencia, el ingenio, el esfuerzo, la cultura (el filme de Patricia Cardoso Las mujeres de verdad tienen curvas, aunque cae en algún tópico, rompe una lanza en favor de las mujeres metidas en carnes). En este sentido se considera muy necesaria la presentación, por parte de dichos medios, de más personajes de creadores, investigadores, etcétera como otros modelos a imitar por parte de los jóvenes.

viernes 4 de julio de 2008

FUNNY GAMES Y LA VIOLENCIA GRATUITA














País: Alemania, Austria, EE.UU., Francia, Italia, Reino Unido. Dirección: Michael Haneke. Intérpretes: Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt, Brady Corbet, Devon Gearhart, Boyd Gaines. Guión: Michael Haneke. Fotografía: Darius Khondji. Distribuye en Cine: Warner. Duración: 107 min. Público apropiado: Adultos. Género: Terror. Estreno: 04-07-2008.


Un matrimonio con su hijo acuden a pasar unas idílicas vacaciones a una casa de campo junto al lago. Pero allí les aguarda la inesperada visita de dos jóvenes vestidos de blanco, guantes incluidos, que pretenden trabar amistad con ellos, pero que en el fondo sólo quieren practicar un sádico juego.

El polémico director alemán Michael Haneke afronta el remake de una película suya de hace once años. Repite plano a plano la historia pero haciendo una versión americana de la misma, con Naomi Watts como protagonista y productora ejecutiva.


Funny Games es una película tremendamente violenta y desasosegante, aunque la violencia sea sobre todo psicológica y moral, aunque también física, y no sea mostrada de modo explícito. Pero resulta más agresiva en la medida en que los jóvenes protagonistas disfrutan haciendo daño y lo hacen sólo para divertirse, sin ningún otro motivo. Por tanto, Funny Games vuelve a suscitar, sin aportar ninguna solución, la polémica sobre el papel de la violencia en los medios de comunicación.

Teorías sobre los efectos de la violencia en los medios

¿Qué efectos producen las imágenes violentas? Bettetini y Fumagalli declaran, en su obra Lo que queda de los medios, que hay dos teorías al respecto: la mimética y la catártica. La primera afirma que los mensajes audiovisuales pueden influir en las actitudes y comportamientos, sobre todo de los más jóvenes, y sostiene que la visión de la violencia representada puede estimular comportamientos análogos en los espectadores.


Adultos y niños expuestos a grandes cantidades de crueldad en cine y televisión pueden volverse más agresivos, o desarrollar con el tiempo actitudes favorables al uso de la violencia como medio para resolver los conflictos. Otro efecto radica en la pérdida de sensibilidad, sobre todo en los niños expuestos a grandes cantidades de violencia. Pueden llegar a hacerse menos sensibles al sufrimiento ajeno y más predispuestos a tolerar un aumento en el nivel de agresiones en la vida real. También adultos y niños, expuestos al visionado de grandes dosis de ira, tienden a sobrestimar la tasa de conflictos en la sociedad. En este caso no aumentaría el comportamiento agresivo, sino la actitud de indefensión frente a él.


La segunda, en cambio, sostiene que la representación audiovisual de la violencia produce en el espectador un efecto catártico, liberador, no sólo del miedo y del terror que acompañan la visión –según el análisis que hace Aristóteles del mecanismo psicológico de la catarsis en el contexto de la tragedia clásica–, sino también de los mismos impulsos coléricos, conscientes o inconscientes, que el espectador lleva dentro de sí. La representación de la violencia actuaría de antídoto preventivo.

También, según los expertos, hay una serie de variantes referidas tanto a las características de los mensajes como a las de la audiencia (edad, nivel cultural, sexo, contexto familiar y carácter) que pueden incidir notablemente en el aumento o la disminución del alcance de tales efectos. Igualmente influye el nivel de realidad (si se trata de ficción, de una representación de episodios reales o de una crónica en directo); con quién se identifica el espectador (con la víctima o con el agresor); el nivel de gratuidad de la violencia y el valor de los argumentos que la justifican; la crudeza de la representación (si se usa la elipsis para evocar indirectamente o por el contrario se muestra de un modo explícito y complaciente); también aumenta la insensibilidad frente a la violencia su tratamiento paródico, que no es lo mismo que la ironía hacia el violento que refleja la excelente cinta de Chaplin El gran dictador. Por el contrario, el tratamiento desesperado genera angustia ante la violencia.

¿Cuál de las dos teorías citadas resulta más convincente?

Se puede sostener que la actitud ética en la representación de la ira determinará su efecto beneficioso y catártico, o perjudicial e imitativo. La respuesta la encontramos en los diversos modos de experiencia que aportan las películas. Algunas, como Funny Games, no muestran una violencia explícita, pero otras como Pulp Fiction, sí; lo definitivo reside en la actitud que provocan en el público (creativa o no) y el mensaje conceptual que aportan. Las que provocan una actitud de encuentro, que conjuga inmediatez y distancia ante el misterio del mal, producen una catarsis en el espectador que le permite ver con luces nuevas el enigma del dolor y darle un sentido. Son películas que pueden llegar a ser, a pesar de su dureza, esperanzadoras y optimistas: es el caso de La vida es bella, Solas o La pasión de Cristo, pues mantienen que el dolor y el mal no tienen la última palabra y pueden ser vencidos.

Por el contrario, la excesiva inmediatez nos abruma y paraliza. Se trata de películas que dejan sin respuesta al espectador y le sumen en la desesperación. Es, por ejemplo, el caso de películas como La naranja mecánica (1971) o La chaqueta metálica (1987), de Stanley Kubrick. Y también parece ser la tesis de Funny Games, que deja al espectador sumido en la angustia ante una violencia que parece interminable y que deja impune al asesino.

En cambio, la actitud de alejamiento puede convertir la violencia en un asunto cómico que sólo unos pocos apreciarán de modo crítico, mientras que a la mayoría puede incitarles a la imitación, como Pulp Fiction (1994), de Quentin Tarantino. Haneke también pretende esto en algunos momentos de Funny Games (las miradas de uno de los jóvenes a la cámara, y el polémico rebobinado en otra escena), pero apenas lo consigue, siendo la angustia del espectador el efecto dominante del filme.

lunes 23 de junio de 2008

NUEVO LIBRO SOBRE BLADE RUNNER








Juan José Muñoz. Blade Runner. Más humanos que los humanos. Ediciones Rialp, Madrid 2008, 96 páginas.



Blade Runner es una obra maestra del celuloide y una película de culto que, de un modo casi imperceptible, se ha ido consolidando como un clásico en la historia del séptimo arte. Todo ello gracias a una estética sugerente, que marcó un hito en el género de la ciencia ficción, y a una interesantísima reflexión sobre el origen del ser humano y su destino, los riesgos de la manipulación genética y la fugacidad de la vida.


Todos estos méritos justifican su regreso a la gran pantalla veinticinco años después de su estreno. Y además con éxito, lo que indica que es un filme que no ha envejecido. Una película que hace pensar, más si cabe en la medida en que nos acercamos a ese mítico año 2019 en el que transcurre la trama. Este libro pretende ofrecer algunas claves (sobre el guión, los personajes, las metáforas visuales y los temas de fondo) que hagan más comprensible y placentero su visionado.

EL INCIDENTE DE M. NIGHT SHYAMALAN


Dirección y guión: M. Night Shyamalan. Intérpretes: Mark Wahlberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo. Música: James Newton Howard. Fotografía: Tak Fujimoto. Distribuye en Cine: Fox. Duración: 95 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Terror, Thriller. Estreno: 13-06-2008.


La naturaleza (humana) y sus misterios

Sin previo aviso, los habitantes de diversas localidades de la costa Este de los Estados Unidos adoptan un extrañísimo comportamiento: se bloquean, empiezan a hablar con incoherencia y acaban suicidándose. Las autoridades lo achacan en un principio a un ataque terrorista con armas químicas, pero después se barajan otras hipótesis. Como muchas otras personas, el protagonista del filme (interpretado por Mark Wahlberg) huye con su mujer, un compañero del instituto donde imparte clases de ciencias y la pequeña hija de éste. Se trata de una huida ciega y sin objetivo. No saben en realidad qué deben hacer, pues escapan de algo que desconocen. Pero esa aventura les hará reflexionar sobre su situación personal (el protagonista y su mujer están atravesando una crisis sentimental).


El director de El sexto sentido nos tiene acostumbrados a tramas inquietantes, incluso que nos producen cierto miedo, pero a la vez están contadas con elegante sencillez y sin apenas efectos especiales. Y es que a este director americano de origen indio lo que le interesa en el fondo, como a todo gran artista, son las relaciones humanas y el misterio de todo lo que nos rodea.

El Mac Guffin

Shyamalan es un fiel seguidor del maestro del suspense Alfred Hitchcock, que inventó el término Mac Guffin para referirse a un hecho, objeto o situación al que el público y los personajes conceden mucha importancia, pero que en el fondo sólo sirve para llamar la atención al espectador y reconducirlo, sin que él lo advierta, hacia el tema principal del filme. De hecho, ese suceso o Mac Guffin queda sin resolver al final de la película, permanece como un enigma no explicado ya que resulta irrelevante para el conflicto que el director quiere reflejar. Así pues, se convierten en un Mac Guffin los muertos de El sexto sentido, los extraterrestres de Señales o los extraños sucesos de El incidente. Aunque en este caso, Shyamalan no alcanza la maestría de otros filmes anteriores.

La persona y sus relaciones

El Mac Guffin le sirve de telón de fondo a Shyamalan para tratar los temas que de verdad le preocupan: la plenitud del ser humano y su comunicación con los demás. Y es que resulta imposible alcanzar la felicidad en solitario. No hay yo sin tú. Es más, una persona sola es un imposible metafísico, no podría conocerse a sí misma ya que la conciencia se logra mediante la intersubjetividad: el niño conoce primero a los demás antes de tener autoconciencia. Muchas veces son los otros los que permiten que lleguemos a conocer el sentido de nuestra vida y superar el mal.


Los solitarios personajes representados por Bruce Willis en el Sexto sentido y El protegido, consiguen reconocer su identidad gracias a los otros: Cole, su joven paciente, y el siniestro don Cristal. Pero también Malcolm Crowe advierte que la curación del pequeño Cole pasa por su relación con los otros (aunque sean de ultratumba):

Malcolm: ¿Qué desean los fantasmas cuando se dirigen a ti? Piensa con cuidado ahora, Cole...
Cole: Sólo ayuda.
Malcolm: ¡Sí! ¡Pienso que sí...! Pienso que eso es todo cuanto quieren. Incluso los más terroríficos.
Cole: ¿Me cree ahora?
Malcolm: Ahora os creo a los dos. Y creo que sé cómo hacer para que se vayan.
Cole: ¿De veras?
Malcolm: Creo que saben que tú eres uno de esos tipos raros que pueden verlos. Necesitas ayudarles. A cada uno de ellos. Todos desean ser escuchados. Todos.
Cole: ¿Y si no quieren ayuda? ¿Y si sólo están furiosos y quieren hacer daño a alguien?
Malcolm: No creo que funcione así, Cole.

Algo similar le sucede al padre Graham (Mel Gibson) en Señales. Recupera la fe gracias a las últimas palabras de su esposa y al apoyo de su hermano y sus hijos. Y también el protagonista de El Incidente conseguirá detener, gracias a su entrega amorosa, el misterioso fenómeno que intenta acabar con la humanidad.

El director americano de origen indio quiere remarcar lo que muchos antropólogos afirman: que el hombre es un ser que se configura como persona, se desarrolla y perfecciona fundando encuentros. Gracias a la índole relacional de la persona se modula el carácter, se asimila un idioma, unas costumbres e instituciones, unos valores, etc. No significa esto que primero exista plenamente y luego se relacione. Más bien quiere decir que para alcanzar la plenitud que todo ser humano anhela, es necesario el encuentro con los demás y con lo valioso.

Pero una de las causas principales del desajuste ético de nuestra época radica en la ausencia de verdadero encuentro en la vida de las personas. Desde hace unas décadas el hombre occidental manifiesta una atracción hacia los modos de vida infrapersonales (un hecho que aparece reflejado en El incidente, cuando algunos personajes pretenden comunicarse con las plantas) y procura con ello llegar a fundirse con el entorno pensando que en esa fusión hallará la felicidad. Es un tópico de la publicidad y de algunas obras literarias y musicales contemporáneas la búsqueda de la fusión con lo que se ‘ama’, perderse en lo otro y en el otro, buscar una unión meramente física. Se observa esta tendencia a la mera unión corporal como sucedáneo del verdadero encuentro amoroso: pegarse a la piel de otro o fundirse dos cuerpos en un intenso abrazo, o en un acto sexual, no implica necesariamente una estrecha unión personal.

Y es que el amor no se obtiene de un modo rápido, como si fuera un producto expedido por una máquina. Por el contrario, se colabora para que se manifieste poco a poco como fruto de un encuentro progresivo, de una voluntad de crear una relación estable, valiosa. La ausencia de esta actitud podría ser la causa del fracaso en las relaciones amorosas de muchas personas. Esa falta de comunicación es la que refleja la pareja protagonista de El incidente. Su matrimonio está pasando por un momento crítico, pues ella no quiere tener hijos y está a punto de ser infiel a su marido, iniciando una relación con un compañero de trabajo.

Conflictos y subtramas

Por eso, y aunque pueda resultar sorprendente, la cuestión de fondo que se plantea en un filme como El incidente radica en los problemas de comunicación entre las personas (lo que los guionistas llaman conflicto de relación e interior), y no en el hecho de que un extraño fenómeno natural intente acabar con la vida de las personas (el conflicto básico). Todo filme posee una trama principal o conflicto básico: “¿conseguirá el protagonista su objetivo?” (en este caso: escapar de esa misteriosa amenaza), pero ese conflicto provoca una serie de relaciones entre los personajes. Tales nexos son los que los expertos en guión definen como paradigmáticos: amistad, aprendizaje y amor (u odio). Unos vínculos que conducirán a la transformación de los personajes (conflicto interior).

Además, esas subtramas o conflictos de relación reflejan el tema de fondo del filme, y ese tema es: ¿cómo podemos relacionarlos de verdad con los otros? ¿Qué nos define como personas? ¿Cómo podemos combatir el mal y la destrucción que nos acechan?

Por tanto, si alguien busca la típica película de catástrofes o de terror, donde los sustos no tienen demasiado sentido y al final todo se explica, aunque sea de un modo pueril, que no vaya a ver El incidente. Pero sí por el contrario, quiere disfrutar con una trama inquietante, de personajes muy bien definidos, que hace reflexionar y que recuerda en muchos momentos al genio del suspense, sobre todo en su película Los pájaros, que no deje de ver El incidente, por favor, es muy sugestivo.

LA ANTROPOLOGÍA CINEMATOGRÁFICA


Eric Rohmer se lamenta de que actualmente, para mucha gente, sólo existe una cultura cinematográfica, “piensan sólo en el cine, y cuando hacen películas, hacen películas en las que hay seres que solamente existen en el cine.” (El gusto por la belleza. Paidós. Barcelona 2000, p.32). Una actitud que, en principio, parecería bastante lógica, pues el séptimo arte se limita a emocionarnos con historias entrañables o fantásticas. Y para cumplir esa función de fábrica de los sueños no se requiere nada más. Una opinión que también se puede verificar visitando algunas universidades o escuelas de cine, o charlando con algunos profesionales del pensamiento y de la gran pantalla. Parece como si el mundo de los intelectuales y el de los cineastas debiera discurrir en paralelo, sin llegar a encontrarse nunca.

Afortunadamente, muchos realizadores, como Rohmer, siguen pensando “que en el mundo hay otras cosas además del cine, y que el cine, por el contrario, se ha de alimentar de las cosas que tiene a su alrededor. El cine es incluso el arte que menos se puede alimentar de sí mismo. En las demás artes eso es seguramente menos peligroso.” Una advertencia que nos remite a lo que Julián Marías denominó la gran potencia educadora del cine. Esa capacidad de crear modelos, de formar (o deformar) la individualidad de los jóvenes, de crear una determinada interpretación del mundo o de justificar y legitimar ideas. Por todo eso, se puede considerar al cine como la principal fuente de formación antropológica y ética de nuestros días.

El poder formativo de los medios audiovisuales

Casi nadie pone en duda que el mundo de la imagen juega un papel fundamental en la formación de la personalidad de los más jóvenes, de las ideas que obtienen acerca de las demás personas, y del lugar que pueden ocupar en el mundo. En comparación con los métodos educativos tradicionales, y por su capacidad de recrear de manera verosímil mundos reales o virtuales, la pantalla consigue que los espectadores más vulnerables –niños y adolescentes–, y no sólo ellos, le otorguen una autoridad tanto sobre lo que la realidad es, como sobre lo que la realidad debería ser.

Esta situación queda reflejada con ironía en el filme Simone, dirigido por Andrew Niccol (guionista de filmes tan interesantes como El show de Truman y Gattaca, con la que debutó como director). En Simone cuenta las peripecias de un director, Viktor Taranski (Al Pacino), cansado de las dificultades para vender sus películas y harto de los caprichos de las actrices. Su vida adquiere otro color cuando decide trabajar con una actriz virtual. Se trata del programa SIMulationONE que le ofrece un amigo antes de morir.

El programa informático le lanza al éxito fulgurante, y Simone (Rachel Roberts) se convierte en una estrella que todos quieren entrevistar. Pero esta hermosa mujer se escurre como las anguilas. Ni siquiera los actores que trabajan con ella la conocen; “es muy celosa de su intimidad”, dice Taranski. Lo más sorprendente del asunto es que nadie duda de su existencia, a pesar de no haberla visto más que en una pantalla. Todos (productores, modelos con carné de actor, periodistas y público) aspiran a llenar su vida hueca con las declaraciones de la actriz, o a conseguir éxitos profesionales o dinero a su costa; pero nunca se plantearán si es real o no.

Este ingenioso filme constituye una sátira sobre el poder del cine y la televisión para crear realidad. En la sociedad audiovisual, la percepción de lo real es sustituida por la percepción pasiva de lo virtual previamente elaborado por otros.

La función socializadora del cine y la televisión universaliza y multiplica los contenidos narrativos y dramáticos, dando lugar a un imaginario colectivo similar sobre asuntos que no conocemos de primera mano. También crea estereotipos sociales y posibilita que en cualquier lugar del mundo, personas de culturas diversas, disfruten con los mismos relatos. El hecho de que una historia situada en un arrabal de Sevilla, como la película Solas, tenga éxito en países como Japón o Alemania es una muestra de ello.

Ya desde los inicios de la industria del cine, algunos directores y productores alertaron a la opinión pública sobre la grandeza y el riesgo de ese poder. “Es un pensamiento juicioso –afirma Cecil B. De Mille en su autobiografía– creer que las decisiones que tomamos en los despachos de Hollywood pueden llegar a afectar a las vidas de seres humanos en todo el mundo”. Y un productor creativo como David Puttnam (Carros de fuego, Local Hero, Los gritos del silencio o La Misión), nos recuerda que, “buenas o malas, las películas tienen un poder enorme: dan vueltas en el cerebro y se aprovechan de la oscuridad de la sala para formar o confirmar actitudes sociales. Pueden ayudar a crear una sociedad saludable, participativa, preocupada e inquisitiva; o por el contrario, una sociedad negativa, apática e ignorante”.

Un animal que cuenta historias


No cabe, pues, duda alguna sobre el poder formativo de los medios audiovisuales. Tal influencia viene facilitada por el hecho de que nuestra personalidad se constituye de modo narrativo. Con ello se pretende recordar que todos hemos aprendido en qué consiste ser un buen hijo o un buen hermano oyendo relatos.

Desde la noche de los tiempos, el ser humano ha contado historias, relatos, mitos. Con ellos pretendía llegar a conocerse mejor y transmitir sus creencias, valores, miedos y proyectos. Gracias a los cuentos asimilábamos qué significa ser persona y cómo debemos desenvolvernos en la vida. Las normas básicas del comportamiento se concretaban cuando oíamos historias y narraciones con moraleja.

Cuando crecimos la literatura cumplió esta función. Clásicos como El Quijote, Crimen y Castigo, La vida es sueño o Enrique V nos mostraban que la grandeza de la vida humana consiste en la capacidad de superación, y en la búsqueda de un significado para la existencia. Leyendo a Shakespeare, por ejemplo, podíamos aprender las consecuencias de los celos desmedidos (Otelo), la duda excesiva (Hamlet) o el afán de poder (Macbeth).

El séptimo arte, continuando esta antigua tradición, también pone de manifiesto el carácter narrativo de la persona humana. Algunos filósofos señalan que narrar no es un privilegio de literatos o cineastas. Nuestros sueños, imaginaciones, recuerdos, esperanzas y convicciones son narrativas. Cuando queremos darnos a conocer relatamos una historia, y cuando deseamos conocer a alguien le pedimos que nos cuente su vida. Partiendo de esta realidad, el novelista, el dramaturgo y el guionista elaboran sus creaciones. Pero en último término es la persona quien da sentido y unidad a las historias.

Gabriel Marcel cuando se encontraba ante un problema antropológico intentaba resolverlo escribiendo una obra de teatro. De este modo podía observar la lógica que rige los conflictos interpersonales. En ello estriba la importancia de la literatura en general, y del cine en particular, como fuente de conocimiento antropológico y ético. Al contemplar tragedias como Hamlet o El Padrino y dramas como Ana Karenina, Un tranvía llamado deseo o Solas, entendemos –como advierte Alfonso López Quintás– que sus desenlaces no obedecen únicamente al gusto popular por las emociones fuertes, más bien son consecuencia lógica de la libre actuación de los personajes.

A eso se refería Julián Marías al denominarle la gran potencia educadora de nuestros días. Y si queremos hacer antropología hoy, no podemos prescindir de la gran pantalla. Películas tan dispares como Matrix, Sentido y Sensibilidad, Toy Story, El Señor de los Anillos, Los Miserables, La vida es bella o Despertares son lecciones de antropología implícita, pues nos están exponiendo con imágenes qué es el ser humano.

Por eso el cine no se reduce a entretenimiento, una industria de la evasión o algo sencillamente emocionante y bonito. El espectador busca entretenimiento, pero también desea contenidos. Además, el crítico de cine y el cinéfilo aspiran a conjugar deleite y comprensión intelectual. Afirma el director alemán Wim Wenders que el cine “no ha sido creado para distraer del mundo, sino para referirse a él. ¿Cómo vivir? y ¿para qué vivir?, son preguntas que el cine ya no se atreve a hacer.”

Pero el cine muestra cómo la vida humana es relación, enlace de diversas tramas narrativas. De ahí surge el conflicto que mueve las historias. Pero se trata de conflictos humanos. Por eso se puede decir que una película es una visión condensada sobre la persona humana, un tratado de antropología implícita. Bajo la envoltura dramática de un guión, lo que se presenta ante el espectador, se esconde siempre el mundo de las personas. Partiendo de esa antropología implícita corresponde al pensador elaborar una antropología explícita que nos permita vislumbrar quiénes somos y sirva de base para la creación de personajes verosímiles (Cfr. MUÑOZ, J.J., Cine y misterio humano. Rialp, Madrid 2003). De ahí que filósofos como Julián Marías, hayan dedicado parte de sus esfuerzos a la comprensión racional del cine (Cfr. MARÍAS, J., La educación sentimental, Alianza, Madrid 1992).

Además, algunas películas como 2001, una odisea del espacio, Blade Runner, Matrix e Inteligencia Artificial afrontan esa constante vital que es la búsqueda de la identidad personal: ¿Qué es el hombre y quién soy? En definitiva, el cine de calidad nos acerca al misterio humano.

(SI TE INTERESA PROFUNDIZAR TE RECOMIENDO QUE SIGAS EN EL LIBRO Cine y misterio humano. Rialp, Madrid 2003.)

EL FINAL DE CASABLANCA: UN EJEMPLO DE ÉTICA DE LA IMAGEN


Aeropuerto de Casablanca, 1942. Envuelto por una niebla improbable en esas latitudes, va a reunirse uno de los triángulos amorosos más populares de la historia del cine: Ilsa Laszlo (Ingrid Bergman), Rick Blaine (Humphrey Bogart) y Victor Laszlo (Paul Henreid). Rick e Ilsa tuvieron un romance en París, cuando ella creía que Victor había muerto en su lucha contra el terror nazi. Cuando descubre que su marido vive, abandona a Rick sin darle explicaciones. Tiempo después se reencuentran en Casablanca donde renace la pasión y el dolor. El matrimonio Laszlo necesita unos salvoconductos para huir de la persecución alemana y sólo Rick puede obtenerlos. Los antiguos amantes se enfrentan a un conflicto moral: ¿qué debemos hacer?

El desarrollo del guión corre paralelo a la historia, tan real como la vida misma. Los hermanos Epstein, principales guionistas del filme, no han elaborado un final definitivo. Esto provoca discusiones en el reparto, sobre todo a causa de Ingrid Bergman que está tensa porque no sabe cómo actuar: desconoce si se fugará con Rick o volverá con su marido.
Se barajaron diversos finales que no agradaron a nadie: Rick se marcha con Ilsa a Lisboa o se queda con él en Casablanca; Rick muere al ayudar en la fuga a Víctor o éste muere en el aeropuerto para dejar libre a Ilsa. Tales desenlaces que caían en el error catalogado, en el ámbito de la narrativa audiovisual, como deus ex máchina. Unas resoluciones muy emotivas pero encomendadas al azar o a lo inverosímil.

El final definitivo, que todos conocemos y hemos visionado cientos de veces, es el mejor de los posibles. Un desenlace que pone el broche de oro a esta película mítica. ¿Por qué nos complace tanto este final? Sin duda por su alto valor ético. Cualquier otro final nos hubiera dejado mal sabor de boca. Éste, en cambio, es el más feliz porque es fruto del sacrificio, como la sonrisa de Ilsa mientras seca sus lágrimas camino del avión.

Sin duda es el más creativo de los finales posibles porque ha elegido la excelencia ética, el valor más alto. Ante el dilema, Rick elige lo mejor. Es capaz de sacrificar su pasión amorosa por un bien superior: la fidelidad de Ilsa a Victor y a su obra en pro de la libertad y en contra de la tiranía.

Rick: Anoche dijimos muchas cosas. Dijiste que yo tenía que pensar por los dos, y es lo que he hecho. Sé que tienes que subir a ese avión con Victor, que es a quien perteneces.
Ilsa: Pero Rick, escucha.
Rick: Escúchame tú (…). Si ese avión despega y no estás en él, lo lamentarás. Tal vez no ahora, tal vez ni hoy ni mañana. Pero más tarde, toda la vida. (...) Yo también tengo mi labor que hacer (...). Algún día lo comprenderás. Vamos, vamos, ve con él, Ilsa.

Una atmósfera de gran calidad ética envuelve toda la escena. Todo se supedita al valor más alto. “Los problemas de tres personas no importan cuando el mundo entero está en juego”, afirma Rick. Incluso el cínico capitán Louis Renault (Claude Rains) protege a Rick de los nazis, y hace un gesto de desprecio al gobierno colaboracionista de Vichy (arrojando a la papelera una botella de agua con esa marca). También los actores se vieron contagiados por ese clima y buscaron la máxima verosimilitud ética del final. Bogart, por ejemplo, discutió con el director, Michael Curtiz, pues no le parecía lógico dar un beso final a Ilsa.

¿Qué confiere calidad a las obras maestras del séptimo arte? La unión de ética y estética, belleza y bondad, amor y sacrificio. Se podría decir que la clave de una ética de la imagen estriba en saber combinar, de modo creativo, la estética narrativa con la ética. Lo único que pretende este ejemplo es mostrar que la creatividad no es un asunto meramente artístico, y que la ética no es una barrera para el profesional de lo audiovisual, un límite agobiante que merma su libertad de expresión, sino más bien un saber práctico que le permite alcanzar altas cotas de creatividad.

(SI TE INTERESA PROFUNDIZAR TE RECOMIENDO QUE SIGAS EN EL LIBRO De Casablanca a Solas. La creatividad ética en cine y televisión. Eiunsa, Madrid 2005.)

LA ANTROPOLOGÍA DE BLADE RUNNER





Un futuro incierto

Blade Runner es un auténtico film de culto. Pues como todos los que se engloban en esta categoría no gozó de gran éxito el día de su estreno. Pero con el paso del tiempo (tras sus emisiones en televisión y ediciones en video y DVD) ha ido adquiriendo un prestigio mítico y ha suscitado una legión de admiradores que, junto a los múltiples estudios realizados sobre ella, han permito que el público y los expertos reconozcan su carácter de obra maestra del séptimo arte.

Sin duda alguna, Blade Runner es un gran hito en la historia del cine, sobre todo del de ciencia-ficción. Sin él no se entenderían, o serían inconcebibles, filmes como Matrix o Minority Report. A su vez, es deudora de filmes clásicos como Metrópolis de Fritz Lang. Ridley Scott acomete la realización de Blade Runner con ese perfeccionismo visual que caracteriza su estilo fílmico.

Pero hay otro elemento esencial en Blade Runner, sin el cual dejaría de ser una obra genial: la historia y el fondo antropológico de la misma. Aunque el filme es ambiguo en muchos aspectos, se puede interpretar que los replicantes son seres clonados, de hecho el término (introducido por Peoples, uno de los guionistas, ya que en la novela original no aparece) hace referencia a la replicación del ADN.

Como se advierte al comienzo del filme, los Nexus 6, aparte de su poderío físico, poseen una gran clarividencia intelectual –sobre todo su cabecilla Roy Batty (Rutger Hauer)– y unos delicados sentimientos –como la afectiva Rachael (Sean Young)–. Su carácter violento proviene de la manipulación a la que han sido sometidos. Se les intenta dotar de apariencia humana pero se les niega la verdadera humanidad, se les trata como objetos o medios para realizar funciones que todos detestan, y para someterlos bajo control se les elimina cuando cumplen cuatro años de vida. Esta es la causa de su rebelión. Los habitantes de la Tierra han provocado esta situación al haber destrozado su entorno. Han creado un mundo inhumano y violento, como consecuencia del abuso de la técnica.

Y lo cierto es que en 1982, cuando se estrenó Blade Runner, estos temas ya estaban en el candelero (la contaminación de la atmósfera, la manipulación genética, etc.). Temas de más rabiosa actualidad, si cabe, a comienzos del siglo XXI, cuando nos acercamos al año en que sitúa la trama de la película. Por eso se trata de un filme que puede aportar mucho al momento presente, cuando se habla continuamente de la manipulación de células madre, la fecundación in vitro y la clonación. Blade Runner es muy recomendable para que la vean científicos y políticos que hacen afirmaciones tan irresponsables como esta: no permitiremos que alguien ponga límites al poder de la ciencia.

La madre de los replicantes

La entrevista de Holden (Morgan Paull) a Leon Kowalski (Brion James) se desarrolla en un clima de cierta tensión, provocado a propósito por el blade runner para inducir la respuesta emocional del supuesto replicante. La tensión llega a su culmen cuando el policía plantea la siguiente cuestión:
Holden: Hábleme de las cosas buenas que recuerda acerca de su madre.
Leon: Le voy a hablar de mi madre (dispara).

El disparo es de una inusitada violencia pues su impulso desplaza a Holden hasta la pared llegando a atravesarla. Pero además de un recurso técnico, de narrativa audiovisual, el final de esta escena esconde un profundo sentido antropológico. De hecho, la pregunta de Holden sobre la madre de Leon y el posterior disparo reaparecen en otro momento del filme. ¿Qué nos quiere decir el guión con esta escena? No parece que sea, sin más, un mero recurso para mantener la atención del espectador y evitar que se duerma ante un filme pausado y difícil. Más bien esconde una referencia sutil al tema del filme: el abuso despiadado de la tecnología sobre la naturaleza del hombre.

En efecto, los replicantes no son fruto del amor de sus padres, sino del diseño biotécnico, han sido fríamente elaborados por ingenieros de genética con una finalidad espuria: realizar trabajos degradantes en las colonias del espacio exterior. Han sufrido la “violencia” de la técnica en su mismo origen, son fruto de la manipulación biológica y no del amor, que supone la afirmación ontológica radical del ser humano: “¡agradezco que existas”, “¡qué bueno que existas!”. Y es que el ser humano se define por sus relaciones, en primer lugar por su relación de origen. Y los replicantes advierten que en su origen no hay amor, no han sido queridos por nadie, tan solo utilizados como elementos útiles para los que detentan el poder de esa sociedad futura en la que la economía y la biotecnología lo dominan todo.

(SI TE INTERESA PROFUNDIZAR TE RECOMIENDO QUE SIGAS EN EL LIBRO Blade Runner. Más humanos que los humanos. Rialp, Madrid 2008.)