lunes, 3 de noviembre de 2008

BELLA






















País: EE.UU., México. Dirección: Alejandro Gómez Monteverde. Intérpretes: Eduardo Verástegui, Tammy Blanchard, Manny Perez, Ali Landry, Angélica Aragón, Jaime Tirelli, Ramón Rodriguez, Tawny Cypress, Sophie Nyweide.. Guión: Patrick Million, Leo Severino, Alejandro Gomez Monteverde. Música: John Reese. Fotografía: Andrew Cadelago. Duración: 91 min. Público apropiado: Jóvenes. Género: Drama, Romántico. Estreno: 07-11-2008.

¡Qué bello es vivir!

José es un prestigioso futbolista mexicano con un futuro prometedor, pero un trágico suceso cambió su vida. Ahora trabaja en Nueva York, como chef en el restaurante de su hermano Manny. El negocio es prestigioso, pero José no ve con buenos ojos el tono de excesiva exigencia que su hermano ejerce con los empleados. Su paciencia llega a un límite cuando Manny despide a una de las camareras, Nina, por llegar tarde al trabajo. Ante el estupor de todos, José abandona la cocina y sale en búsqueda de Nina, la cual le confiesa que el motivo de sus retrasos es algo que acaba de descubrir y para lo que no está preparada: un embarazo.

Bella es una película sencilla, de bajo presupuesto pero con una gran carga de humanidad, y que afronta con valentía, pero sin estridencias ni beligerancia alguna, el drama del aborto en nuestra sociedad. Todo ello con una visión optimista de la existencia, fruto de la cultura de la vida, y abierta a la trascendencia. Una actitud vital que se propone con naturalidad y sin humillar al que piensa de modo diferente.

Bella es la primera película de Metanoia Films, una productora independiente fundada por Eduardo Verástegui (actor), Alejandro Monteverde (director, que también ha colaborado en el simpático cortometraje Historia de un letrero http://en.zappinternet.com/video/nilSqaMboM/HISTORIA-DE-UN-LET) y Leo Severino (productor), con el propósito de fomentar en el cine los valores positivos y la dignidad humana como un pilar básico de la sociedad. Por otra parte, también pretenden reivindicar la auténtica cara, costumbres y tradiciones de la comunidad Latina. Por eso Bella está basada en testimonios de inmigrantes que viven en Estados Unidos.

Bella se ha exhibido en 15 festivales y ha recibido galardones como el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de Toronto del 2006, el de mejor fotografía y mejor actor del MovieGuide en 2008 y el Premio Legacy del Instituto Smithsonian Latino Center, entre otros.

El aborto en el cine
En estos últimos años están proliferando largometrajes que abordan el conflicto que se le plantea a una mujer ante una situación de embarazo no deseado. De un modo más o menos explícito, estos filmes se cuestionan la temática del aborto como única salida a ese trance por el que pasa la protagonista. Y salvo algunas excepciones, todos apuestan por una salida creativa que beneficie a todos. Es el caso de películas como la citada Bella, Juno, Solas o incluso la aparentemente ambigua película rumana 4 meses, 3 semanas, 2 días, cuyas duras imágenes hacen reflexionar sobre las consecuencias, para la mujer y para el feto, de la decisión de abortar.

He citado, a propósito, películas de directores ideológicamente muy diversos (los hay tanto de izquierdas como de derechas, progresistas o conservadores, por emplear una terminología que detesto), pero que ofrecen la misma solución humana y creativa al dilema de la mujer embarazada. Con ello el séptimo arte nos enseña que la problemática del aborto no es una cuestión tan sólo de creencias o de posiciones políticas, sino de respeto a la ley natural y de soluciones constructivas.

Sí el cine hace esto, ¿por qué algunos políticos y médicos pretenden convencernos de lo contrario? Sólo se me ocurre una explicación: que el cine, y el arte en general, suele ser más sensible ante el misterio de la vida humana, y en cambio muchos dirigentes y científicos sucumben ante el poder (político, económico y científico) que les presta la tecnología disponible.

Nadie duda de que el dominio científico-técnico de lo real es necesario y conveniente. La calidad de nuestra vida ha mejorado gracias a ello. Hemos derrotado muchas enfermedades y poseemos un sinfín de artefactos que hacen más confortable nuestra vida. El peligro estriba en que confiemos sólo en las soluciones técnicas para resolver los problemas humanos. Recurrir al poder destructor de los instrumentos quirúrgicos es mucho más pobre e inhumano que ofrecer una salida positiva a la mujer que no encuentra soluciones para su problema. Todas las películas citadas ofrecen esa salida, baste citar tan solo la genial oferta de Zambrano en Solas: la sorprendente aparición de un abuelo adoptivo.

Y es que una sociedad hipertécnica como la nuestra corre el peligro de convertir a las cosas en categoría modélica para juzgar casi todo. Tal tendencia dominante pretende eliminar todo lo que no sea cosa, tanto en el pensamiento como en la conducta. Una de estas consecuencias, advertía Julián Marías, consiste en considerar al niño engendrado y concebi­do como una ‘cosa’, ‘un puñado de célu­las'. Olvidando de ese modo la comunicación incipiente que existe entre la madre embarazada y su hijo.

Igualmente, los partidarios de la cultura de la muerte, en su afán por borrar del diccionario social la noción de persona y hablar solo de individuo, también pretenden que ni siquiera veamos el cuer­po humano como algo personal, puesto que se puede ‘deci­dir’ sobre él, como si fuero un objeto de usar y tirar. Pero para los defensores de la cultura de la vida, el ser humano no tiene un cuerpo, sino que también es corpóreo, porque éste es un ámbito de manifestación de la persona y merece el mismo respeto que ella. Si debemos tratar a todo ser humano como un fin, también debemos hacerlo con su cuerpo, aunque éste se encuentre en fase de formación.

Conspiración del silencio y cultura de la muerte
Algunos dirigentes políticos, con la colaboración de ciertos medios de comunicación y ciertos colectivos minoritarios pero con mucha presencia mediática, no se conforman con eludir esa salida creativa para un embarazo imprevisto, sino que ocultan toda declaración que se mueva en contra de sus intereses de poder. Una estrategia que les deja el camino libre para difundir la cultura de la muerte.

En este sentido, el objetivismo informativo contribuye, a veces sin querer, a una conspiración de silencio. En ocasiones se sustituye la explicación de la noticia por el impacto visual, creando, al menos, una manipulación involuntaria de los hechos. En nuestros días se siente mucho y se reflexiona poco, lo que da lugar a la desorientación. Hay una especie de acceso visual instantáneo y universal a todo, pero sin espacio para el pensamiento. Resulta así una paradójica desproporción entre la razón científica y la razón ética: sabemos mucho sobre chismorreos y cotilleos de famosos, o sobre avances científicos y técnicos, pero muy poco sobre el sentido de la vida.

Parece que los medios solo dan cobertura a opiniones o posturas y no a razonamientos o argumentos. Se considera que todas las actitudes son iguales, o carecen de base y son la expresión de poderes ocultos. El objetivismo manipula la información omitiendo datos esenciales o enfatizando determinados aspectos y quitando importancia a otros. Por ejemplo, no se permite emitir en televisión un video sobre la realización de un aborto o una explicación real del mismo, para obtener el apoyo de la opinión pública con vistas a lograr –o ampliar– su aprobación legal.

La Psicología social habla de las presiones que determinados grupos de individuos ejercen sobre los demás generando el conformismo ante una supuesta opinión de la mayoría y demonizando a los que no piensan así (como la absurda polémica sobre las recientes declaraciones de la Reina de España sobre el aborto). Pero con el paso del tiempo se descubre que esa mayoría no era tal. Es de sobra conocido que, tanto en Francia como en USA, la campaña a favor de la legalización del aborto manejó cifras falsas. Lo reconocieron años más tarde el Instituto Na­cional de Estudios Demográficos y uno de los autores de la campaña, el doctor Nathanson.